Tener que defender, a día de hoy, que las vacunas son eficaces para disminuir la morbimortalidad de muchas enfermedades infecciosas debería ser algo tan obvio como defender que la Tierra gira alrededor del Sol. Claro que hay gente que sigue pensando que el Sol gira alrededor de La Tierra (ojo, que hay gente que lo cree en el año 2013). Y gente que cree que las vacunas son una conspiración medicofarmacéutica para matar niños o algo así.
Dice el titular de "El Periódico": El 5% de los catalanes no vacunan a sus hijos.
No es algo que me pille de sorpresa. Al fin y al cabo, trabajo en Cataluña y es una Comunidad Autónoma en la que los "movimientos antivacunas" gozan de una preocupante buena salud.
Tampoco creo, ni mucho menos, que este fenómeno de la "no vacunación" sea exclusivo de Cataluña. Se da también en otras Comunidades Autónomas y en otros países de nuestro ámbito geográfico. Pero el mal de muchos no es más que consuelo de tontos.
Estos datos son alarmantes y amenazan directamente la consecución de los porcentajes vacunales que aseguran la "inmunidad de rebaño", que permite la no circulación de virus y bacterias en la comunidad, protegiendo de este modo al pequeño porcentaje de niños vacunados en los cuales la vacuna no es eficaz... y que protege también a aquellos niños no vacunados por la irresponsable decisión de sus padres.
La prestigiosa revista científica British Medical Journal (BMJ) lanza una campaña informativa contra uno de los problemas más acuciantes en la sanidad de muchos países desarrollados: el sobrediagnóstico y el sobretratamiento de los pacientes. Esta campaña llamada Too much medicine(demasiada medicina) busca principalmente concienciar a los profesionales sanitarios y a la población sobre los riesgos de hacer pruebas y tratamientos médicos cuando no están justificados, medicalizando así a la población sana e incrementando los costes sanitarios de forma significativa.
Hace poco más de diez años, fue el propio BMJ quién se preguntaba tímidamente en una editorial la cuestión: "¿demasiada medicina?". Por aquel entonces las tendencias medicalizadoras no eran tan exageradas como lo son ahora y la evidencia científica sobre el exceso de diagnósticos y tratamientos era bastante limitada. Ahora hay muy pocas dudas sobre ello. Por eso, la revista médica ya lo afirma directamente: el sobrediagnóstico y el sobretratamiento es un hecho y si no se hace algo para cortar esta tendencia irá cada vez a más (como lo ha hecho hasta ahora).
Con esta campaña también se busca fomentar el debate y la investigación científica sobre este problema sanitario. Por un lado, con la editorial "Rebobinando los daños de demasiada medicina" se está creando una discusión pública entre profesionales sanitarios compartiendo su experiencia y conocimiento sobre la medicalización excesiva. Además, entre los próximos pasos a seguir se encuentra la organización de una conferencia científica internacional "Previniendo el sobrediagnóstico" , que tendrá lugar en septiembre de 2013. En esta conferencia, se recogerá la evidencia científica más reciente sobre este gran conflicto para la salud pública, valorando los problemas y tratando de encontrar soluciones, al tiempo que se tratará de llevar el asunto a la opinión pública.
La vorágine medicalizadora
Existe un chascarrillo interno en medicina que dice "No existen sujetos sanos, simplemente no han sido lo suficientemente estudiados". La realidad tras esta frase es peligrosa y se trata de que conforme más pruebas diagnósticas reciba una persona (analíticas sanguíneas, radiografías, TACs, marcadores tumorales...) más probabilidades hay de encontrar algo que haga que consideremos a una persona, que hasta entonces estaba sana, en enferma (o incluso pre-enferma).
El límite entre la salud y la enfermedad es un concepto muy difuso y difícil de definir, que no sólo depende de la medicina sino también de la sociedad. Este límite, por tanto, está en constante evolución. El problema llega cuando este límite va estrechando cada vez más el cerco a la salud y la enfermedad lo abarca casi todo. ¿La razón? Una vorágine medicalizadora en el que participan conjuntamente médicos, empresas con intereses en sanidad, pacientes y sociedad, ya sea de forma consciente o inconsciente.
Los médicos, con cada vez menos tiempo y recursos para atender a sus pacientes, tienden más hacia una medicina abundante en pruebas de laboratorio y de imagen y, también, hacia una medicina defensiva para evitar denuncias (a un médico le pueden juzgar por infradiagnosticar o infratratar, pero casi nunca por sobrediagnosticar o sobretratar). Esto implica test médicos a discreción, que descubren hallazgos casuales e inesperados que, a su vez, obligan a realizar más pruebas o tratamientos. Muchos de estos hallazgos, de no ser descubiertos mediante pruebas mal indicadas, no requerirían ninguna actuación adicional por no tener importancia (como los incidentalomas). Sin embargo, una vez descubierta esa "anomalía" obliga a seguir actuando.
Al otro lado están los pacientes, que también suelen esperar (y, a veces, exigir) pruebas médicas y tratamiento ante cualquier problema de salud. Rara vez un paciente criticará a un médico por hacerle demasiadas analíticas o demasiados TACs o por darle un tratamiento que en realidad está injustificado para su dolencia. Sin embargo, pobre del médico que se niegue a realizar pruebas o tratamientos porque no están justificados para el problema del paciente. Éste inmediatamente se considerará desatendido por su doctor, a pesar de que su actuación esté médicamente justificada.
"Shora" (Esther Samper) es médica y divulgadora científica especializada en temas de salud. Su principal objetivo: acercar la medicina a todos los públicos y en todas sus formas (avances médicos, consejos de salud, tratamientos, prevención...).
Esta historia va de un videoclip grabado por un músico llamado Sivu a partir de su canción “Better Man than He” utilizando la RMN para capturar con imágenes en vista sagital el movimiento de su sistema de fonación (lo que viene siendo la boca, faringe, laringe y todo el tinglado).
Pero montar estas espectaculares imágenes no fue fácil; para rodar este vídeo de 3 minutos largos, necesitaron que Sivu, ya introducido en el aparato, cantase su canción una y otra vez durante 3 horas para obtener las imágenes necesarias con que montar el vídeo. El resultado, lo bastante bueno como para escucharlo con unos buenos cascos mientras ves el vídeo en HD a pantalla completa.
El pasado día 10 se presentó el modelo único de receta privada que entrará en vigor a partir del 21 de enero, según lo establecido en el Real Decreto 1718/2010 sobre receta médica y órdenes de dispensación.
Con este modelo, que incluye un código de verificación electrónica (único para cada receta y que permitirá comprobar a qué médico ha sido asignado el talonario, a qué Colegio pertenece el facultativo prescriptor, cuál es su especialidad, qué medicamento ha prescrito y en qué farmacia se ha dispensado), se pretenden evitar falsificaciones y eliminar los fraudes, el intrusismo y las faltas de seguridad que se podían producir al amparo de la prescripción privada. Los médicos podrán denunciar la pérdida o robo de los talonarios de recetas y estarán obligados a conservar la copia de la receta durante tres meses; mientras que los farmacéuticos podrán contrastar la existencia de cada médico en un registro, así como anular las recetas en caso de necesidad.
Pero esta receta no incluirá solo los datos de los facultativos, también incluirá datos del paciente y del medicamento; aunque por cada receta solo podrá prescribirse un medicamento y envase.
Hasta ahora, unos 45.000 médicos, 26.000 odontólogos y 6.000 podólogos ejercían la práctica privada sin utilizar un modelo concreto de receta. Bastaba con un simple sello en un folio en blanco para oficializar la prescripción; pero ahora se pretende cambiar y mejorar el sistema.
Para ello, los Consejos Generales de Médicos, Dentistas y Podólogos se responsabilizan de la edición, gestión, control e inspección de la impresión y entrega de las recetas médicas privadas. De hecho cada prescriptor debe solicitar un talonario por cada especialidad y centro donde trabaje, al colegio que pertenezca, con un coste cercano al céntimo de euro por receta. En el caso de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, desde mañana mismo podrán solicitarse los talonarios y se ha puesto a disposición de los interesados un manual práctico para conocer el funcionamiento, características y requisitos de esta nueva receta.
En algunos blogs ya se ha advertido de posibles problemáticas que puedan surgir tanto en las consultas como en las farmacias dada la cercanía de la fecha de entrega de las recetas con la fecha de entrada en vigor, como ha sido el caso de la entrada publicadaen el blog El Supositorio. Pero habrá un tiempo de adaptación, ya que el uso de esta receta no será obligatorio hasta que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad no publique una Orden Ministerial que desarrolle el Real Decreto; algo que se espera se produzca antes del mes de marzo.
Si hay algo que caracteriza a un paciente hospitalizado es su vía con el suero puesto, ese tarro de cristal o bolsa de plástico con líquido transparente que fluye hasta tu brazo a través de un tubito. Entre los pacientes existen muchos mitos falsoshacia los sistemas de suero, los cuales les causan una ansiedad fácilmente prevenible con unas sencillas explicaciones de los hechos más comunes:
Vamos a empezar por lo más común: se acaba el suero y comienza a entrar aire en el sistema; el paciente ve aparecer burbujas en su interior y corre asustado a avisar a la enfermera "no vaya a ser que le entre aire y se muera". Debemos de explicarle al paciente que la presión sanguínea del propio paciente va a impedir que entre ninguna cantidad significativa de aire en sus venas, pues al terminarse el suero no se ejerce presión para introducir el contenido del sistema a la vena. También debemos de explicarle que aunque le consiguiese pasar alguna burbuja por cualquier motivo, el organismo es capaz de reabsorberla perfectamente y no correría riesgo la vida del paciente.
Otro miedo es "tiene sangre en el tubo del suero". Tranquilizarle diciéndole que no ocurre absolutamente nada, no se va a desangrar puesto que es una cantidad mínima, e incluso es posible que vuelva a entrar a la vena. Esto puede ocurrir por ejemplo cuando el paciente no tiene en alto la bolsa del suero.
Lo siguiente, más que un miedo es algo que creen algunos pacientes sobre el suero: Piensan que el suero lleva nutrientes, y que el paciente al tenerlo puesto no necesita comer. Le explicamos que el suero solo es alguna con algunos minerales, y a veces lleva algo de glucosa, pero que no sustituye a la alimentación oral.
Otros también piensan que el paciente, si tiene el suero puesto, tiene que quedarse en cama. Le tranquilizamos diciéndole que no ocurre nada malo si se levanta de la cama y se da una vueltecita, siempre cuidando de no enrollar el sistema del suero y de tenerlo siempre en alto.
Y para terminar... lo que queda en la vena cuando te ponen una vía es un catéter blando de plástico, no una aguja. Puedes mover el brazo y doblarlo que no te lo vas a clavar.
“…hay que escapar del reino de la ilusión vana antes que de cualquier otra cosa”.
Mortalidad. Christopher Hitchens
En breve se cumplirá un año de la muerte del escritor británicoChristopher Hitchens, como consecuencia de un cáncer de esófago.
Reconocido y considerado como un gran narrador, periodista, filósofo, humanista y, sobre todo, un gran provocador y temible adversario en multitud de polémicas de toda índole, aparecen ahora en forma de breve librito póstumo una serie de artículos sobre el curso de su enfermedad escritos para la revista Vanity Fair. Un texto cuya lectura seguramente puede resultar incómoda, difícil, dolorosa e incluso insoportable para algunos, debido a la frialdad y crudeza con la que el autor se enfrenta a su situación personal.
“Mortalidad” se encuadra entre esa clase de obras que convierten el dolor en literatura. Un testimonio duro, apenas esperanzado, pero enormemente lúcido y brillante. Se trata de la obra de un feroz escéptico, de un irónico racionalista a ultranza, un ateo militante que con sagaz y afilada prosa, describe de forma magistraly pormenorizada su vivencia del cáncer y la inminencia de su muerte.
He aquí la narración inicial del diagnóstico y la llegada de Hitchens desde el país de los sanos a la frontera inhóspita del territorio de la enfermedad:
"Me he despertado más de una vez sintiendo que me moría. Pero nada me había preparado para la mañana de junio en la que, al recobrar la conciencia, me sentí como si de verdad estuviera encadenado a mi propio cadáver. Toda la cavidad de mi pecho y mi tórax parecía haberse vaciado y después llenado con cemento de secado lento. Me oía respirar débilmente, pero no podía llenar de aire los pulmones. Mi corazón latía demasiado deprisa o demasiado despacio. Cualquier movimiento, por pequeño que fuera, requería premeditación y planificación. Me exigió un esfuerzo extenuante cruzar la habitación de mi hotel de Nueva York y llamar a los servicios de urgencias. Llegaron con gran rapidez y se comportaron con inmensa cortesía y profesionalidad. Tuve tiempo de preguntarme para qué necesitaban tantas botas y cascos y tanto pesado equipamiento de apoyo, pero ahora que visualizo la escena retrospectivamente la veo como una deportación muy amable y firme, que me llevó desde el país de los sanos a la frontera inhóspita del territorio de la enfermedad. En unas horas, tras realizar una buena cantidad de trabajo en mi corazón y mis pulmones, los médicos de ese triste puesto fronterizo me habían enseñado unas cuantas postales del interior, y me habían dicho que mi siguiente e inmediata parada tendría que ser con un oncólogo. Alguna clase de sombra se proyectaba en los negativos".
La enfermedad fue detectada precisamente mientras el autor se encontraba en plena promoción de su obra Hitch-22, un libro de Memorias (Memorias del gran bocazasEL PAÍS 20-8-2011) que “se lee como una novela a partes ácida y a partes nostálgica que retrata a un tipo excepcional en su inquebrantable voluntad de cuestionarlo todo.”
Hitchens asume sin autocompasión, fría y dolorosamente, el papel de enfermo en cuyo dietario va anotando sus impresiones:
“¿Realmente no viviré lo suficiente para ver cómo se casan mis hijos?”
“Quizá sea mejor dejar atrás lo antes posible las falsas esperanzas: esa misma semana me dijeron que mi tumor no tenía las mutaciones necesarias para recibir cualquier otra de las terapias “dirigidas” contra el cáncer que se ofrecen en la actualidad”.
“Nadie quiere que le hablen de los incontables horrores y humillaciones menores que se convierten en hechos de la “vida” cuando el cuerpo pasa de ser un amigo a convertirse en un enemigo…”
“No es divertido apreciar por completo la verdad de la tesis materialista que postula que no tengo un cuerpo, sino que soy un cuerpo”.
“Ser víctima del cáncer entraña una tentación permanente de mostrarse egocéntrico e incluso solipsista”.
En “Mortalidad” hay párrafos tremendamente duros sobre los tópicos que lleva aparejados el cáncer, (culpa, angustia e incertidumbre, personificación de la propia enfermedad, la conmiseración ajena, el imaginario bélico de lucha…), y sobre las dolorosas obligaciones y servidumbres a las que se enfrenta el paciente:
“El hecho absorbente de estar mortalmente enfermo es que dedicas mucho tiempo a prepararte para morir con un mínimo de estoicismo (y con provisiones para tus seres queridos), mientras que al mismo tiempo estás muy interesado en el asunto de la supervivencia. Es una forma especialmente extraña de “vivir” –abogados por la mañana y médicos por la tarde- y significa que uno tiene que existir –incluso más de lo habitual- en un doble marco mental”.
Fiel a sí mismo y a su trayectoria, excepcionalmente reflejada en sus recuerdos ('Hitch 22', la escritura o la vidaEL PAÍS 16-12-2011), Hitchens critica acerbamente a los grupos religiosos, a los fanáticos y supersticiosos de las terapias milagrosas, de las dietas o de las plegarias. Llega incluso a citar con cierta sorna un estudio multicéntrico sobre los efectos de la oración de intercesión, publicado en 2006 en el American Heart Journal (Study of the Therapeutic Effects of Intercessory Prayer in cardiac bypass patients: a multicenter randomized trial of uncertainty and certainty of receivingintercessory prayer.Am Heart J. 2006 Apr;151(4):934-42).
“…en el lado de la continuación de mi vida hay un grupo de médicos brillantes y desinteresados y un asombroso número de grupos de oración”.
No hay resignación ni consuelo, pero tampoco desesperación, en la naturalidad con la que el escritor acepta su inevitable desaparición, al tiempo que nos devuelve una mirada aguda, certera, inteligente y culta sobre su condición de enfermo ante el vasto y sombrío territorio del cáncer, un país con sus reglas y lenguaje propio:
“El nuevo país es bastante acogedor a su manera. Todo el mundo sonríe para darte ánimos y parece que no hay absolutamente nada de racismo. Prevalece un espíritu en general igualitario y es obvio que quienes dirigen el lugar han llegado hasta allí a base de mérito y trabajo duro. Frente a eso, el humor es algo flojo y repetitivo, parece que casi no se habla de sexo y la comida es peor que la de cualquier destino que haya visitado nunca. El país tiene un idioma propio -una lingua franca que consigue ser insulsa y difícil y contiene nombres como ondansetrón, un medicamento contra las náuseas-, así como algunos gestos perturbadores a los que hay que acostumbrarse. Por ejemplo, un funcionario que acabas de conocer puede hundir abruptamente sus dedos en tu cuello. Así descubrí que el cáncer se había extendido a mis nódulos linfáticos, y que una de esas bellezas deformes -situada en mi clavícula derecha- era lo bastante grande como para verla y tocarla. No es del todo bueno que tu cáncer resulte «palpable» desde el exterior. Especialmente cuando, a esas alturas, ni siquiera se sabía cuál era la fuente primaria. El carcinoma trabaja astutamente desde el interior hacia el exterior. La detección y el tratamiento trabajan a menudo más despacio y a tientas, desde el exterior hacia el interior. Se hundieron muchas agujas en la zona de mi clavícula -«El tejido es la cuestión» es un eslogan de moda en la lengua local de Villa Tumor- y me dijeron que los resultados de la biopsia podrían tardar una semana”.
La escritura de Hitchens, cortante, incisiva, irónica y no exenta de ciertos rasgos de humor negro, transmite la constatación de su finitud y acabamiento, su inerme fragilidad y la sensación de indefensión ante el terrible potencial de la medicina moderna cuando describe los efectos secundarios y las consecuencias de la quimioterapia y radioterapia.
“La negociación oncológica es que, a cambio de al menos la oportunidad de unos cuantos años útiles más, aceptas someterte a la quimioterapia y luego, si tienes suerte con eso, a la radiación e incluso la cirugía. Así que ahí va la apuesta: te quedas por aquí un tiempo, pero a cambio vamos a necesitar unas cosas tuyas. Esas cosas pueden incluir tus papilas gustativas, tu capacidad de concentración, tu capacidad de digerir y el pelo de tu cabeza. Sin duda, parece un intercambio razonable. Desgraciadamente, también entraña afrontar uno de los clichés más atractivos de nuestro idioma. Lo has oído. La gente no tiene cáncer: se informa de que luchan contra el cáncer. Ninguna persona que te comunique sus buenos deseos omite la imagen combativa: puedes vencerlo. Está incluso en las necrologías de quienes pierden contra el cáncer, como si se pudiera decir razonablemente que murieron tras una lucha larga y valiente contra la mortalidad. No se oye cuando se habla de personas que padecieron del corazón o el riñón durante mucho tiempo”.
Sus recuerdos, apenas publicados un año antes de su muerte, revelan también para muchos una personalidad enormemente sugestiva, transgresora y auténtica, (Hitchens, tan listo y tan legalEL PAÍS 14-3-2012), que consigue atrapa y cautiva por su honestidad intelectual, la gran sinceridad de sus planteamientos, la fuerza de sus argumentos… y su elegante prosa.
“Mortalidad” ofrece así un relato conmovedor, en el que Hitchens narra su progresiva decrepitud, la disolución física, el deterioro y la conciencia de su propia pérdida y desaparición. Un relato en el que lógicamente se entristece y apena por no poder vivir más, por dejar a sus hijos, a su mujer y a sus amigos, pero en el que no muestra ningún afán de trascendencia ni tampoco aparece la angustia de vivir para siempre.
El libro, inconcluso, finaliza con una serie de apuntes fragmentarios escritos en estallidos de energía y entusiasmo (según refiere su esposa, Carol Blue). Una muestra de imágenes, recuerdos, enigmáticas frases sueltas, fogonazos y destellos de inteligencia en el hilo de su pensamiento:
“Mañana de biopsia, me levanto y digo pase lo que pase este es el último día de mi antigua vida. Ninguna pretensión de juventud nunca más. A partir de ahora una ardua conciencia”.
“Asombroso cómo han aguantado el corazón, los pulmones y el hígado. Habría estado más sano si hubiera sido más propenso a enfermar”.
“Ver el poema de Szymborska sobre la tortura y el cuerpo como un piélago de dolor”.
En un emotivo epílogo, Carol explica algunos de los momentos en que durante algo más de un año Christopher Hitchens habitó en ese ‘nuevo mundo’ que él mismo denominó como “vivir muriéndome”:
“…nunca perdió su carisma, en ningún terreno: ni en público, ni en privado, ni siquiera en el hospital. Convirtió su estancia en una fiesta, transformando la habitación esterilizada, fría, con fluorescentes, llena de zumbidos e iluminación intermitente en un estudio y en un salón. Su conversación ingeniosa no cesaba nunca.
Las interrupciones constantes, las exploraciones y los pinchazos, la toma de muestras, los tratamientos de respiración, el cambio de goteros: nada le impedía ser el centro de atención, expresar una opinión, desarrollar un argumento o hacer un chiste para sus “invitados”.
El resultado en fin, es una muestra de dignidad, un dramático y en ocasiones sobrecogedor testimonio de una experiencia definitiva acerca de la condición sufriente y mortal del ser humano.
Un pequeño libro necesario, instructivo y aleccionadorpara todos quienes se enfrentan y acompañan diariamente a ese catálogo de horrores que constituye la enfermedad, el dolor, la desolación y la muerte…
Como ya es habitual en mi blog traigo aquellos posts que me parecen más interesantes de la blogosfera sanitaria. Le toca esta vez a un post de "El Supositorio" titulado ¿Hacia donde vamos? en el que el autor analiza las soprendentes medidas que se han anunciado para el próximo año en la Comunidad de Madrid y "que se van a proponer en España en los próximos meses o años"
Interesane post, sin duda,
Panel colocado en la calle Preciados de Madrid Foto original de Vicente Baos
En el momento actual, Madrid es el puchero donde se cuecen todas las reformas sanitarias que se van a proponer en España en los próximos meses o años. La crisis económica, que para las administraciones públicas es una crisis de recursos económicos vía impuestos por la baja actividad económica y un alto coste de la financiación necesaria, supone la excusa perfecta para elegir entre dos caminos posibles. Uno de ellos sería el análisis detallado y la modificación del sistema sanitario, en colaboración con los profesionales implicados y comprometidos con el sistema público sanitario, de las fuentes de ineficiencia y gasto superfluo; y la otra, la elegida por los actuales gobernantes impregnados de ideología neoliberal en lo económico y social, que opta por entregar a empresas con ánimo de lucro, en colusión con claros conflictos de intereses, la gestión de todo el sistema público.
Nuestro sistema sanitario público es barato y muy eficiente para su coste. Estos resultados han estado basados en función de los bajos salarios médicos, a pesar de la alta cualificación obtenida en términos comparativos, y en la equidad en el acceso de todas las capas sociales a una sanidad de calidad. Hasta hace poco era motivo de orgullo internacional. No todo es de color de rosa. Las listas de espera en pruebas diagnósticas y de interconsulta, la masificación de la atención primaria y de los servicios de urgencia están denotando ineficiencias de orden burocrático, de asignación de recursos y de expectativas sociales. Todo esto es abordable desde una óptica de gestión pública. Hay que querer y ponerse a trabajar. Sin embargo, tanto gestores socialistas como populares han sido incapaces, por no saber o por no querer, de abordar los problemas. En atención primaria, respetar un ratio por habitante adecuado -si en Madrid la media es 1500 tarjetas por médico ¿por qué yo tengo 1986?- produciría una mayor satisfacción de la población (en general muy satisfecha según las encuestas) y del profesional (evitar el burnout provoca una mayor dedicación al trabajo). Haber solucionado hace tiempo un modelo de receta por caja, irritantemente asqueroso desde hace mucho tiempo o modificar las incapacidades temporales de su actual diseño, habría producido una disminución de cargas burocráticas que permita dedicar tiempo a lo esencial. Aumentar los flujos de información sobre las actividades económicas que se general en la actividad sanitaria sería una manera de abordar su racionalización. Nunca en mis 25 años de trabajo en los centros de salud me han mandado una estadística comparativa del número de derivaciones, análisis o, ni siquiera, cuántos pacientes han fallecido por año, qué tasa de ingreso hospitalario tienen mis hipertensos, diabéticos o cualquier otra enfermedad donde se puede medir el impacto del control de los factores de riesgo, etc. Ejemplos de la impericia e inutilidad de los gestores pasados y presentes, solo fijándose en el gasto farmacéutico, ya enormemente reducido, a pesar de seguir aprobando fármacos de precio alto sin evidencias comparativas que justifiquen su desembolso público.
Y pasar a la externalización en sociedades mercantiles o directamente, a empresas privadas, ¿mejorará el proceso?...
Podríamos empezar esta entrada declarando un conflicto de intereses por cercanía y simpatía con los máximos culpables del proyecto Seis Minutos, pero nos da igual. También podríamos hacerlo porque pensamos (desde el minuto 0) que lo que cuentan es totalmente cierto, una auténtica radiografía de lo que pasa en la actualidad. Pero también nos da igual.
Hoy dedicamos nuestra entrada al proyecto Seis Minutos desde una perspectiva muy subjetiva, la de la admiración por el trabajo bien hecho, por esa profesionalidad exquisita, por la forma de hacer y contar su propia realidad, por haber saltado la barrera del miedo a los grandes proyectos que parecen imposibles. Pero también por la expresión, las voces que presentan en el documental (grandes profesionales), la edición, los dibujos y la energia que desprende. Nos han demostrado a todos que las ideas sólo necesitan organización, personas entusiastas y ganas de cambiar las cosas, para transformarlas en algo tan necesario como escaso: acción...
José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario.
Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental.
Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos.
Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años.
Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S.
Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos" en el barrio homónimo de esa ciudad castellana.
En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año.
Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ)
Actualmente desarrolla su actividad profesional (colegiado 50/5008305) en Zaragoza desde 1983.
Correo electrónico:domus@joseacuenca.jazztel.es
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