Retrato ideal de Pedro II procedente del casino de Zaragoza pintado en el siglo XIX por Aguirre y Monsalve. Actualmente se encuentra en la Diputación Provincial de Zaragoza.
Pedro II de Aragón, también llamado Pedro II el Católico, nació en Huesca (¿?) en 1177, hijo primogénito de Alfonso II de Aragón, llamado también el Casto y de Doña Sancha de Castilla. Pedro II había sido armado caballero por Alfonso en 1188 y a la muerte de su padre ocurrida en 1196 quedó bajo la tutela de su madre hasta que alcanzara los veinte según había dejado arreglado el Rey. El nuevo monarca heredaba el reino de Aragón, el condado de Barcelona y todas las tierras del Mediodía francés desde la ciudad de Béziers hasta el puerto de Aspe.
Los primeros años de reinado enfrentaron a madre e hijo; en el año 1200 ambos acuerdan que la reina posea los castillos de Embid, Épila y Ariza. Al año siguiente se reúnen los dos en Daroca donde acuerdan poner fin a sus diferencias.
Territorios dependientes de Pedro II
Desde finales de 1196, el joven Pedro comenzó una intensa actividad política rodeado de un grupo de consejeros procedentes de los más diversos territorios de la Corona de Aragón.
Gracias a su matrimonio en 1204 con María de Montpellier se hace con la ciudad del mismo nombre y una serie de feudos franceses que contribuyen a engordar aún más la hegemonía de la Corona de Aragón en el Mediodía francés. Ambos esposos mantendrán a lo largo de su vida una antipatía mutua que llevará al rey a pedir la anulación del matrimonio para casarse de nuevo con Doña María, reina de Jerusalem, a lo que el Papa Inocencio III se opondrá en 1206. De este matrimonio nacerá el futuro rey de Aragón Jaime I el Conquistador el 1-II-1208. Tendrá además una hija ilegítima, Leonor, que casará con el senescal D. Guillén Ramón de Moncada, y un hijo ilegítimo, D. Pedro de Rege, que llegará a ser canónigo sacristán en Lérida.
Pedro II renovó la infeudación o vasallaje de Aragón a San Pedro con su coronación por el papa Inocencio IIIen monasterio de San Pancracio en Roma el 11 de noviembre de 1204 adquiriendo también el compromiso de la concesión al Papado de una suma anual. Tras la muerte del conde de Urgel Armengol VIII (1209), anexionó el condado de Urgel a la corona. Ayudó a Alfonso VIII de Castilla contra León (1198) y contra Navarra y participó en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) de forma sobresaliente. La victoria cristiana despejó el camino hacia el Sur. La ciudad de Úbeda fue la primera plaza tomada.
Así describió el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada la entrada de la hueste de Pedro II en Toledo: «Además, se incorporaron a las fuerzas en Toledo los nobles del rey de los aragoneses, famosos por su valentía, vistosos por su marcialidad, aprestados de armas y caballos, entre los que se contaban García Romero, Jimeno Cornel, Miguel de Lusia, Aznar Pardo, Guillermo de Cervera, el conde de Ampurias Ramón Fulcón, Guillermo de Cardona y otros muchos príncipes y barones y simples caballeros, además de un notable contingente de ballesteros e infantes. Acompañaba al noble rey una nutrida representación de sus nobles, admirable por su nobleza, valentía y número, a quienes la exquisitez de su porte, la brillantez de su amabilidad y lo sobrado de su valor distinguía de tal manera que no sólo infundían pavor a los enemigos, sino que se hacían merecedores de honra».
De regreso de la batalla, Pedro II se vio envuelto, a partir de 1208, en las sangrientas luchas que se desarrollaban en suelo francés entre los católicos dirigidos por Simón de Monfort y los cátaros o albigenses. En virtud de la sumisión de Pedro II al Papa, éste no sólo debía autorizar el establecimiento de la Inquisición papal en sus dominios, sino que debió obedecer la desposesión de sus feudos a varios vasallos suyos que se enfrentaron con el Papa. Proclamada la cruzada, numerosos señores del Norte de Francia se pusieron a las órdenes de Simón de Montfort y se dirigieron a combatir a los cátaros en sus territorios. Sin embargo, Pedro II contravino su juramento ante el Papa y acudió en defensa de sus vasallos contra lo que consideraba una ilegítima expansión francesa por sus dominios occitanos.
Batalla de Las Navas de Tolosa de F.P. Van Halen. Palacio del Senado. Madrid.
Tras una noche de desenfreno, el 14 de septiembre de 1213, durante el asalto a la fortaleza de Muret (localidad al sur de Tolosa) en la que se hallaba Simón de Montfort y los suyos, Pedro II fue muerto de un lanzazo en el costado.
El cadáver de Pedro II, el mejor rey-caballero no volvería a suelo aragonés hasta 1217 en que el Papa Honorio III accedió a su traslado hasta el monasterio sanjuanista de Sigena. Con él terminaba el sueño europeo de un Aragón en el que los Pirineos hubiesen sido columna y no frontera.
La Crónica de San Juan de la Peña dirá lo sigueinete: “El dito rey queriendo más morir con honor que non bivir con desonor, por tal porque ningun tiempo en batalla que fue non giró cara, murió en aquella(…) Et fue soterrado en el monestreiuo de Sixena, el qual su madre doña Sancha avia hedificado et stablido convento de mulleres de la orden del Spital de Jherusalem”.
El reino de Aragón quedaba en una lamentable situación, con un rey menor de edad y en poder de Simón de Montfort. Tras el fracaso en el sur de Francia la Corona de Aragón centrará su impulso en la conquista de Valencia y la expansión por el Mediterráneo.
Retrato de Alfonso II realizado por Filippo Ariosto para la Diputación del Reino en el siglo XVI
La expresión “Corona de Aragón”aparece por primera vez en los textos de finales del siglo XIV. Poco después, los cronistas aragoneses impulsan su uso, para referirse al conjunto de reinos, condados y señoríos gobernados por el Rey de Aragón, cuyo apellido es el nombre de su reino originario; territorios que mantuvieron su personalidad política, jurídica, cultural y territorial hasta el siglo XVIII.
Alfonso II el Casto, también llamado el Trovador (escribió poesía y fue uno de los principales impulsores de la poesía provenzal, nacido en 1157, fue Rey de Aragón y Conde de Barcelona (1162), Marqués de Provenza (1166) y Conde del Rosellón (1172). Primer titular de la Corona de Aragón, al heredar el Reino de Aragón de su madre, la Reina Petronila, y las tierras patrimoniales de la casa de Barcelona de su padre, Ramón Berenguer IV. En enero de 1174, a los dieciséis años, casó en La Seo de Zaragoza con Doña Sancha, la infanta castellana, hermana de Alfonso VII, que fue la fundadora del Monasterio de Sigena. Alfonso asumió la corona a los siete años por lo que precisaba de un tutor poderoso que velara por su educación y por los intereses y la integridad de sus territorios. Esta tutoría recaló en la persona de Enrique II Plantagenet, Rey de Inglaterra, casado con Leonor de Aquitania, prima de la Reina Petronila, quien la ejerció a distancia pues en el reino no se produjeron incidentes de importancia. El joven Rey se educó en Barcelona, rodeado de un consejo de regencia formado por nobles, obispos y representantes de las ciudades.
Durante su reinado se completó la conquista y ocupación de la mayoría de las tierras turulenses. Se conquistan tierras en la margen derecha del Ebro, cuencas del rio Marrin, Guadalope y Matarraña, y se ganan Caspe, Fayón, Fabara, Maella, Mazaleón, Calaceite, La Fresneda, Valderrobles, Rafales, Monroyo, Peñarroya, Calanda, Castellote, Aguaviva, Aliaga y Cantavieja. Al mismo tiempo se fueron ocupando poblaciones en la desembocadura del Ebro (Orta, Paúls, Benet, etc…), a las que se les concedió los fueros de Zaragoza.
Creo en Zaragoza las primeras Cortes Aragonesas.
En 1169 se tomaron las tierras de Gudar, Monteagudo del Castillo y Teruel, quedando territorialmente perfilado el reino aragonés, cuyas fronteras eran similares a las actuales, salvo retoques e incorporaciones posteriores.
La politica seguida en el Mediodía francés incorporó el condado de Provenza a la Corona, al morir sin herederos Ramón Berenguer III de Provenza.Años más tarde se hizo con Niza y numerosos señores languedocianos le prestaron y renovaron fidelidad y homenaje como María, condesa de Bearn (en 1170), el vizconde Céntulo V de Bigorra (en 1175), el de Narbona y los señores Bernat Ato de Nimes y Roger V de Béziers (en 1178).
Alfonso II murió en Perpignan el 25 de abril de 1196, después de una grave enfermedad que le aquejaba desde hacia tiempo. Sus funerales fueron celebrados en Zaragoza y sus restos fueron trasladados al monasterio de Poblet donde descansan.
La presión militar francesa y enfermedades como el tifus y la disentería hicieron las condiciones de vida en la ciudad penosas. Se calcula que hasta 700 victimas diarias, cuyos cadáveres era imposible tratar se convertían en nuevos focos de transmisión. El desánimo, la falta de fuerzas condujeron a lo inevitable: La Capitulación de Zaragoza.
Trascribo a continuación el relato hecho por el zaragozano Faustino Casamayor y Ceballos de esos triste momentos que concluyeron con la firma de la rendición de la Ciudad en La Casa Blanca.
El Canal Imperial se había convertido en una vía logística de primer orden desde Alagón hasta la Casa Blanca en donde se establecieron muelles de embarque para tropas y suministros. En ella también existía almacén y alojamientos. Conocida también como casa de la capitulación fue allí donde Pedro María Ric y otros siete miembros de la Junta, el 20 de febrero de 1809 firmaron el documento de capitulación de la ciudad.
El molino de la Casa Blanca. Litografia de F. Blanchard
“Hoy llegó Zaragoza al alto grado de heroicidad y sufrimiento; pues habiendo sufrido con el ánimo más constante un diluvio de bombas, granadas y balas rasas y no teniendo ya otro recurso reunidos sus vocales mandaron un parlamentario, pidiendo 24 horas de tregua al General francés, cuya respuesta fue, de que no capitulando en el término de dos horas iba a entrar atacando a discreción, y como no se le contestó comenzó el más terrible bombardeo y cañoneo que se había oído en todo el Sitio, pues en este corto espacio de tiempo que fue de 3 a 5 de la tarde arruinaron muchas casas y causaron infinitos muertos, con tal exceso que la campana del reloj mayor no podía dar todos los avisos; por lo que al ver la cosa en tan último apuro, no poder sufrir tantas desgracias como a cada paso se veían y oían, estar toda la tropa amilanada y casi muerta, acudieron los vocales de S.E. el que siguiendo con su indisposición con bastante aumento, confirió todas sus facultades a la Junta, la cual convenida en los puntos mas conformes, a la religión, al honor de esta Ciudad y a su benemerito vecindario, hizo poner la bandera parlamentaria en la Torre Nueva, con cuya novedad cesó inmediatamente aquel fuego tan infernal y furioso, y se presentó un oficial francés, el que reunido con los comisionados que lo fueron los semores Regente de la audiencia, el Caballero Intendente, el Marqués de Fuenteolivar, el Brigadier D. Manuel Peñas Inspector de infanteria y el Teniente Coronel D. Mariano Cerezo Gobernador del capítulo, pasaron a presentarse al Mariscal Lannes, Duque de Montebello, General Jefe del Ejército francés, a la Casa Blanca y otorgaron la siguiente capitulación que firmaron ya alta la noche; habiendo sido este el éxito de un sitio de dos meses completos que tantos daños, ruinas y muertes ha causado a esta Ciudad, quedándole a sus hijos la gloria de haberla defendido hasta lo sumo, y que solo el ser cristianos lers pudo hacer ceder, conociendo ser todo voluntad de Dios y de su Santísima Madre, pues de otro modo ni el fuego ni el hambre, ni ninguna de tantas calamidades, como en dicho tiempo se han sufrido, ni aun la misma muerte hubieran logrado lo que la prudencia y conformidad católica le hizo sucumbir a la ley del vencedor”.
La capitulación de Zaragoza
Cap.1º
La guarnición de Zaragoza saldrá mañana 21 al mediodía de la Ciudad con sus armas, por la puerta del Portillo, y las dejara a cien pasos de dicha puerta.
Cap.2º
Todos los oficiales y soldados de las tropas españolas harán el juramento de fidelidad a S.M.C el rey José Napoleón I.
Cap.3º
Todos los oficiales y soldados que hayan prestado el juramento de fidelidad, quedarán en libertad de entrar en el servicio en defensa de S.M.C.
Cap4º
Mos que de ellos no quisieren entrar en el servicio serán llevados prisioneros a Francia.
Cap.5º
Todos los habitantes de Zaragoza y los extranjeros, si los hubiere, serán desarmados por los Alcaldes y las armas puestas en la puerta del Portillo el 21 al mediodía.
Cap.6º
Las personas y propiedades serán respetadas por las tropas del emperador y rey.
Cap.7º
La religión y sus ministros serán respetados, y serán puestos centinelas en las puertas de los principales templos.
Cap.8º
Las tropas francesas ocuparán mañana al mediodía todas las puertas de la Ciudad, el Castillo y el coso.
Cap.9º
Toda la artillería y municiones de toda especie serán puestas en poder de las tropas del emperador y rey mañana al mediodía.
Cap.10º
Todas las cajas militares y civiles-es decir, las Tesorerías y cajas de regimiento-serán puestas a disposición de S.M.C.
Cap.11º
Todas las administraciones civiles y toda especie de empleados harán juramento de fidelidad a S.M.C y la justicia se distribuirá del mismo modo y se hará a nombre de S.M.C, el rey José Napoleón I.
Cuartel general delante de Zragoza a 20 de Febrero de 1809
El Mariscal Lannes, duque de Montebello. General en Jefe
Retrato ideal de la Reina Petronila procedente de la galería del Casino de Zaragoza, pintada por el pintor malagueño, fallecido en Borja, Manuel Aguirre y Monsalve (1822-1859) en el siglo XIX. Diputación Provincial de Zaragoza.
De la unión de Ramiro II con Inés de Poitiers nació Petronila en agosto de 1136. Al año siguiente el Rey establece el compromiso matrimonial de su hija con Ramón Berenguer IV tras lo que se retira a la vida monástica en San Pedro el Viejo de Huesca quedando la niña bajo custodia de su prometido.
El documento de arras (1137) establecía que la unión se realizaría según la institución aragonesa del “matrimonio en casa”, por la cual el heredero, en este caso Petronila, contrae matrimonio con la obligación de mantener la herencia familiar y defenderla. Y si el legitimo heredero falleciese sin descendencia, su cónyuge, como miembro de la “Casa”, asumiría sus responsabilidades, incluida la de procrear hijos legítimos. La “casa” de rango mayor era Aragón, por ser reino y Barcelona condado, así que Ramón Berenguer IV se integró en ella jurídicamente, tomó formalmente a Ramiro por “padre” y asumió las obligaciones que ello implicaba. Al retirarse el Rey a Huesca, el prometido de su hija comenzó a desempeñar funciones de tenente del Reino de Aragón, suscribiendo documentos como señor o príncipe de Aragón. Entretanto, Petronila fue educada por Berenguela, hermana del conde de Barcelona y reina de Castilla, como esposa de Alfonso VI desde 1128. Petronila fue educada en perpetuar la soberanía del reino en la dinastía y en proporcionarle un carácter astuto y férreo.
San Pedro el Viejo. Huesca
Petronila y Ramón Berenguer se casaron en la catedral de Lérida en 1150, a los catorce años de aquella, edad canónica mínima para contraer matrimonio. Su marido contaba con la edad de cuarenta años.
A los dos años de su matrimonio, en 1152, Petronila debió de tener su primer hijo puesto que de ese año es el primer testamento conservado de Petronila, dictado antes del parto.
“a todos queremos que llegue la noticia cómo yo Petronila, reina de Aragón, yaciendo y laborando en el parto, junto a Barcelona, concedo, doy y firmemente declaro al niño que desde mi utero –queriéndolo dios- ha de seguir, todo el reino aragonés, con todos los condados y obispados y abadías, y con todas las cosas pertenecientes al reino, como el rey Alfonso mejor siempre tuvo y hubo, a condición de que mi señor y marido mio Ramón, conde de Barcelona, tenga, haya y posea integramente y poderosamente bajo su mando y dominación todo el predicho reino, con toda su honor pertinente, durante todo el tiempo de su vida.
Después de su muerte quede todo el sobre dicho reino, integramente a mi hijo ya citado…"
Aportaciones territoriales de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona, según datos de Agustín Ubieto (Cómo se formó Aragón, Institución Fernando el Católico, libros en red). Pallars, Urgel, Rosellón y Ampurias tenían sus propios condes y no eran patrimonio de la Casa de Barcelona.
Sin embargo, algunos historiadores piensan que habría que retrasar esa fecha hasta el nacimiento del futuro Alfonso II el 24 de marzo de 1157. Ese mismo año muere Ramiro y Petronila se convierte en Reina de Aragón.
El cronista Jerónimo Zurita comenta que el conde de Barcelona tuvo un hijo natural y cinco hijos legítimos del matrimonio: Pedro, muerto de niño; Alfonso, llamado Ramón cuando nació; un segundo Pedro, nacido después de la muerte del primero; Sancho y Dulce.
En agosto de 1162 Ramón Berenguer se siente enfermo cerca de Turín a donde se había trasladado para entrevistarse con el emperador de Alemania y muere pocos días después en San Dalmacio. Su cadáver es trasladado a territorio del condado de Barcelona y enterrado en Ripol. Petronila cambia el nombre de su primogénito por Alfonso, en memoria del Batallador, tío suyo. Convocó una asamblea nobiliaria en Huesca para dar a conocer el testamento de su marido. En él, Alfonso de Aragón es nombrado heredero suyo y, por tanto Rey de Aragón y conde de Barcelona. A Pedro le otorga el condado de Cerdaña y el Señorío de Carcasona y el derecho sobre Narbona en vasallaje de su hermano mayor; Sancho heredaría sólo en caso de muerte de sus hermanos y de los demás ni siquiera hay referencia. De esta forma se conseguía el objetivo de concentrar el poder en manos de un único heredero que conseguiría así la soberanía de un Estado con gran peso político.
Representación gótica de Doña Petronila y Ramón Berenguer IV procedente del Rollo de las Genealogías de Reyes de Aragón del monasterio de Poblet. Petronila se representa co0n corona, cetro y pomo, símbolos del poder regio. Museo de Tarragona.
El 18 de junio de 1164, Petronila traspasó los derechos del Reino a Ramón, llamado también Alfonso (II), y continuó viviendo en la Corte. Murió el 13 de octubre de 1173, siendo enterrada en la iglesia catedral de esa ciudad.
Retrato de Ramiro II procedente de la galería realizada por Filippo Ariosto para la Diputación del Reino en el siglo XVI. El rey porta cetro, corona y la mitra como obispo de Roda Barbastro.
Ramiro II el Monje, nacido presuntamente en Jaca en 1084. Hijo de Sancho IV y de Felicia de Roucy fué enviado por su padre -en 1093- al monasterio de Saint Ponce de Thomieres –Francia-, con la intención de que llegara a ser monje. Allí permaneció durante su infancia aunque poco se sabe de los años que vivió allí salvo que en 1105 aún estaba en este monasterio.
En 1110 esta documentado que ya esta en España. Fue abad del monasterio de Sahagún de cuyo gobierno se hace cargo por gracia de su hermano Alfonso I. Al final de 1114 es nombradoObispo de Burgos y posteriormente de Pamplona en 1115 y de Roda-Barbastro en 1.134. Poco tiempo después, el 7 de septiembre, moría su hermano en Poleñino.
El testamento del Rey no estaba falto de anomalías jurídicas. En él se nombraba a tres estamentos religiosos herederos: La Orden del Temple, la Orden del Santo Sepulcro yla Orden Hospitalaria de San Juan. Esto conllevó serios problemas a su sucesor, el futuro Rey Ramiro pues los diferentes territorios no reconocían la decisión real.
San Pedro el Viejo. Huesca
La situación era la siguiente: Jaca elegía a Ramiro rey; Pamplona a García V Ramírez, nieto de Sancho IV; Alfonso VII de Castilla se apoderaba de Soria, La Rioja y también de Zaragoza, al tiempo que Ramiro se ve obligado a negociar con musulmanes (treguas) y con el reino pamplonés, mediante pactos (1135). A la sazón, García Ramírez, queda como rey encargado de los asuntos militares pero reconoce la soberanía de Ramiro II que gobierna el pueblo. Se logró ajustar las fronteras, pero el pacto quedó roto en breve por la unión de Alfonso VII y García Ramírez. El reino de Aragón perdía sus raíces euzkeras.
Entre 1135-1136 Inocencio II apremia a Ramiro a que cumpla el testamento del Batallador y aparecen movimientos de oposición por lo que se ve forzado a sofocar revueltas; se atraviesa una difícil situación y se llega a sospechar que hubiera sido expulsado del reino. En el mes de Octubre está en Biel e introduce cambios en las tenencias: Pedro Talesa aparece como Señor de Huesca. Para superar la crisis económica, recurrió al tesoro de las iglesias y de los monasterios y el 13 de Noviembre de 1135, llega a devaluar la moneda jaquesa, con lo que se desataron las iras populares contra los judíos.
Pero, halló una solución inesperada, con dispensa del Pontífice, casó con Inés de Poitiers, vizcondesa viuda de Toars; aunque esta determinación tampoco fuera bien recibida por los nobles.
Ramiro, no obstante, lo solventó con la decapitación de los nobles que rompieron la tregua con los musulmanes (de aquí surge la leyenda de la Campana de Huesca). La situación desató una revuelta en 1136 que pudo ser dominada no sin abundante sangre.
La leyenda de la Campana de Huesca es narrada por la Crónica de San Juan de la Peña de la forma siguiente: “Este don Ramiro fue muy buen rey, muy franco y generoso con sus nobles, a los que concedió muchos lugares y rentas del reino; y por esta causa lo despreciaron y entablaron guerras ente si, matando y robando a las gentes del reino…, Para dar remedio a esto, el rey decidió pedir consejo al monje que había sido su maestro en el monasterio de San Ponce de Tomeras; para lo cual envió un mensajero con letras suyas en las que exponía sus cuitas. Cuando el maestro recibió el recado tuvo gran placer de poderle servir, pero pensando cómo lepodría dar respuesta con más discreción y seguridad, llevó al mensajero a un huerto donde había muchas coles y sacando un cuchillo, mientras iba leyendo la carta fue cortando las coles mayores, dejando solamente las pequeñas. Entonces dijo al mensajero: “Vuelvete a mi señor el rey y dile lo que has visto, que otra respuesta no te doy”…. Cuando contó lo que había visto, el rey pensó que el huerto podía ser su reino, y las coles las gentes de él. Inmediatamente envió cartas por todo el reino a nobles, caballeros y ciudades para que asistieran a cortes en Huesca, donde quería hacer una campana que se oyese en todo el reino, hecha por maestros franceses. Cuando oyeron esto los nobles se dijeron: “Vayamos a ver que locura quiere hacer nuestro rey”. Una vez en Huesca, el rey junto en secreto vario hombres armados en su cámara, que harían lo que él les ordenara, y conforme acudían los ricoshombres los mandaba llamar uno a uno a consejo, y allí los mandaba descabezar. Pero llamaba a aquellos que eran más culpables, de manera que a XII ricoshombres y otrsos caballeros les cortó la cabeza antes de comer, y hubiera continuado de no se que los demás se enteraron y huyeron… Y con estos muertos sosegó su reino en paz”.
Ramiro buscó apoyo en Alfonso VII, con quien pactó. Pero el nacimiento de Petronila, puso una luz de esperanza a la salida de la crisis, encontrándose quien se desposara para gobernar el reino.
A este fin, fue elegido Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, llevándose a cabo el acuerdo en Barbastro el 11 de Agosto de 1137; esto permitiría una reestructuración de territorios y competencias de gobierno. De esta suerte, Ramiro sería “rey, señor, y padre'” en su reino y en los condados de Ramón Berenguer; y el conde se comprometería a reivindicar el reino cesaraugustano, Tudela y otras plazas navarras “Maguere yo dé a tu, el regno, pero la mi dignidad real non lexo”.
Consiguió de este modo que el emperador leonés, devolviese sus posesiones sobre las tierras de Zaragoza; a partir de esta cesión, Ramón Berenguer tomó el título de `Princeps aragonensium'. También Ramón Berenguer, logró resolver las reclamaciones de las órdenes Militares, pero fracasó frente al problema de Navarra; en el enfrentamiento armado, García Ramírez toma varias plazas aragonesas, y en una incursión por la Canal de Berdún, llegó hasta Jaca, incendiando el Burgo Nuevo (1141).
Ante el fracaso militar, el conde entabló negociaciones con García Ramírez, llegándose al pacto de 1149, en el que se acuerda matrimonio de Ramón Berenguer con Blanca, hija del monarca pamplonés, pero no se llega a cumplir y en 1151 se desposa el conde con la aragonesa, quedando asegurada la estabilidad del reino y la unión con los condados dominados por Ramón Berenguer.
Ramiro, retirado en el priorato de San Pedro el Viejo de Huesca, falleció el 16 de agosto de 1157. Aragón, había superado la crisis más importante y peligrosa de su historia. Se había perdido la apertura al Cantábrico, pero el acceso al Mediterráneo ofrecía buenas perspectivas.
El reinado efectivo de Ramiro II el Monje abarca tres años, desde 1134 a 1137, es decir, el tiempo necesario para organizar la transmisión a Ramón Berenguer.
Los restos del rey Ramiro II, enterrado en el panteón real de la iglesia de San Pedro el Viejo, de Huesca, fueron exhumados para su estudio el día 7 de junio de 1985, junto a los restos de Alfonso I, el infante Fernando, tío de Jaime el Conquistador, que fuera abad de Montearagón; el prior Zapilo, del monasterio benedictino de San Pedro el Viejo, y una infanta sobre cuya identidad no existen datos.
Ramiro II el Monje, usa signo propio: una cruz dentro de un círculo flanqueado de sendas cadenillas de las que penden un ALFA y una OMEGA, símbolo trinitario y expresión gráfica de que Cristo es el principio y fin de todas las cosas. Su origen y contenido religioso es evidente.
ALONSO I EL BATALLADOR, HIJO DE SANCHO CUARTO, HERMANO DE PEDRO PRIMERO, REY NONO DE ARAGÓN, DICHO EMPERADOR DE ESPAÑA; HABIENDO CONQUISTADO A LA NOBILISIMA ZARAGOZA, CABEZA DE LOS PUEBLOS SEDETANOS, QUE TUVIERON CASI CUATROCIENTOS AÑOS OPRIMIDA LOS MOROS DEBAJO DE SU YUGO, LOS SUJETÓ DEL TODO Y LOS FUE PERSIGUIENDO HASTA DENTRO DE LA ANDALUCIA, PERO ÉL QUE SIEMPRE HABÍA SIDO VENCEDOR, Y DUEÑO DE VEINTE Y NUEVE VECES QUE DESPLEGÓ SUS BANDERAS, EN UNA REFRIEGA AL FIN, QUE PARECÍA DE BURLAS, SOBRE FRAGA, PONIENDO MÁS CUIDADO EN PELEAR ANIMOSO QUE PRUDENTE, MURIÓ VENCIDO, Y SUJETO, A VII DE LOS IDUS DE SEPTIEMBRE, EN EL AÑO LXI DE SU EDAD Y DEL NACIMIENTO DE CRISTO MCXXXIII.
REINÓ XXIIX AÑOS, XI MESES Y X DÍAS.
Traducción de la inscripción latina que acompañaba al retrato, realizada por Jerónimo de Blancas en el siglo XVl.
Alfonso Sánchez sucedió a su medio hermano Pedro I, que tan solo reinó diez años. Era hijo deSancho Ramírez y de Felicia deRoucy. Había sido educado en el monasterio de Siresa, por maestros como Lope Garcés, que le iniciara en las artes de la guerra, y Esteban, que llegó a ser obispo de Huesca. Su educación era directamente supervisada por la condesa Doña Sancha, segunda hija del rey Ramiro y de la reina Ermesinda. Era el tercero en la línea sucesoria, así que su padre no le asignó tareas de gobierno de tanta relevancia como a su hermano Pedro. Sin embargo, como miembro de la familia real, se le otorgaron Ardenes, Bailo, Biel y Luna; y puso en práctica su formación militar en la batalla de Alcoraz, a las ordenes de su hermano el rey Pedro I, y en la expedición a Levante en apoyo al Cid Campeador. El infante Alfonso había sido educado para ser un jefe de guerra y colaborar así con su hermano desde el campo de batalla. La prematura muerte de Pedro I en 1104 lo promovió al trono de Aragón y hubo de asumir, junto a las tareas de dirección de la guerra, las labores de gobierno, administración y diplomacias propias del soberano.
Durante treinta años, desde 1104 hasta 1134, reinó en Pamplona y Aragón, centrando su interés en la ampliación del territorio bajo el espíritu de cruzada y en la organización del mismo mediante repoblaciones sistemáticas, favorecidas por la concesión de ventajosos fueros. Su política expansiva siguió las líneas que ya había marcado su hermano. Retomó las campañas militares en el mismo punto donde Pedro las había dejado, por lo que la toma de la Saraqusta (Zaragoza) fue su primer objetivo.
Para afrontar su asedio, las tropas pamplonesas y aragonesas debían primero asegurar el flanco occidental del reino, mediante la conquista de Ejea y Tauste, y consolidar posiciones cercanas a la ciudad como El Castellar y Juslibol, donde habían
establecido su base militar. Pero todo ello no fue suficiente. Saraqusta estaba bien comunicada, así que sitiarla resultaba extremadamente complicado y, además, era la principal ciudad del norte de al-Ándalus, por lo que disponía de buenas infraestructuras defensivas y de comunicación y de un potencial humano considerable. Para tomar la ciudad resultaba imprescindible fabricar máquinas de guerra complejas, que pudieran superar los cuarenta codos de altura de la muralla de la ciudad, y reunir un contingente mucho mayor de que en esos momentos conformaba el ejército navarroaragonés. El asalto a Saraqusta necesitaba una mejor planificación y, entretanto, el rey se ocupó de afianzar también las fronteras orientales mediante la conquista, en 1107, de Tamarite y de San Esteban de Litera.
Alfonso I casó en 1109 con Urraca, reina viuda de Castilla y León e hija de Alfonso VI y de Constanza de Borgoña, heredera del trono de Castilla y León tras la muerte de su hermano el infante Sancho y viuda del conde Ramón de Borgoña con quien había tenido un hijo, el futuro Alfonso VII de Castilla (titulo no reconocido a Alfonso I por los nobles castellanos al ser el heredero de su esposa), con oposición de muchos nobles gallegos, portugueses y leoneses que preferían otros candidatos, extraídos de la nobleza castellano-leonesa. La boda modificó las prioridades militares, dirigidas ahora a defender los intereses comunes de ambas Coronas frente a los almorávides, y el matrimonio fue un desastre. Los enfrentamientos conyugales llegaron a tal grado que las Crónicas de Sahagún lo calificaron de “maldito e excomulgado ayuntamiento”, ejemplo del apasionamiento que condujo a cronistas castellanos y aragoneses, en más de una ocasión a ofrecer una visión parcial del conflicto entre Urraca y Alfonso I, incluidos supuestos malos tratos –bofetadas y puntapiés- del rey a su mujer. Alfonso era un monarca ascético, en la línea de los Templarios. Los enemigos de Urraca la calificaron de mala esposa, mala reina y mala madre. La valoración de las actitudes y decisiones de Alfonso y Urraca variaban mucho según se hablara de ellos desde Castilla o desde Aragón.Tras su nulidad canónica, dictada en 1114 por ser los esposos bisnietos de Sancho III el Mayor, y la separación de ambos, dos años más tarde, estalló una guerra abierta entre Aragón y Castilla, pues Alfonso I no quería renunciar a los territorios castellanos de los que se había apoderado durante su unión con Urraca, por no mencionar La Rioja, la Castilla Vieja y la Extremadura Soriana, que consideraba parte del reino navarro-aragonés.
La separación efectiva del matrimonio propició un nuevo acercamiento entre el rey de Aragón y el Papado que había sido contrario al enlace por presiones de la alta clerecía castellana. Alfonso I resultó muy favorecido al decretarse bula de cruzada para el asedio de Saraqusta en el concilio de Toulouse, reunido a comienzos de 1118.
Los cruzados comenzaron a agruparse junto a Saraqusta. Entre ellos, el vizconde de Bearne, Gastón, vasallo de Alfonso; su hermano Céntulo, conde de Bigorra –que habían estado en la toma de Jerusalén-; Bernardo, conde de Comminges; el vizconde Gabarret, Pedro, y Auger, vizconde de Miramont. El contingente francés era tan numeroso que los cronistas musulmanes dijeron que se puso bajo el mando de Alfonso como un “enjambre de langostas u hormigas”. Los cruzados, construyeron ingeniosas máquinas de guerra similares a las empleadas para el asalto de Jerusalén. Ante ellas, la alta muralla de Medina al-bayda, la “Ciudad Blanca”, como llamaban muchos musulmanes a Saraqusta, acabó por sucumbir.
El asedio duró siete meses. Finalmente, el 18 de diciembre de 1118, la ciudad de Saraqusta abrió sus puertas al Batallador. Las capitulaciones firmadas por Alfonso I siguieron el mismo espíritu que las que su hermano Pedro I estableció en Wasqa (Huesca): se respetaban la religión, costumbres y organización jurídica privada de cuantos musulmanes desearan permanecer en la ciudad, así como sus personas y bienes, aunque habían de establecer sus mezquitas, viviendas y comercios extramuros de la ciudad. Quienes optaran por marcharse serían escoltados por las tropas del rey hasta los límites de Aragón. El Rey seinstaló en el palacio de la Zuda, junto a la puerta de Toledo, y procedió a premiar a los nobles y caballeros que le habian ayudado en la conquista.
El intento almorávide de reconquistar Zaragoza fue frustrado por Alfonso en la importante batalla de Cutanda, en junio de 1120, tras la cual, con ayuda de Guillermo de Portier, tomó Calatayud y Daroca, duplicando la extensión del reino. En 1122 ganó Sigüenza y Medinaceli.
El gobierno de la ciudad de Saraqusta fue otorgado a uno de los más fieles aliados del rey: Gastón, vizconde de Bearne. Este noble francés había participado en el asedio de Jerusalén y emparentado con la casa de Aragón al casar, en 1085, con Talesa, hija del conde Sancho Ramírez –el hijo natural del rey Ramiro I-. Los lazos familiares y la bula de cruzada decretada para la campaña contra Saraquusta habían motivado su participación. Tras su muerte en 1130, seguida de la de su hijo Céntulo, Talesa heredó la tenencia de Zaragoza, adquiriendo un relevante protagonismo político.
Para promover la repoblación de la ciudad, Alfonso I otorgó fueros importantes .en 1119, el llamado de “infanzones” y diez años después el conocido como “privilegio de los veinte”, que después influyeron en las cartas de población de Lérida y de diversos lugares del área valenciana. Entre los privilegios y ventajas jurídicas otorgadas al concejo y a los habitantes de Zaragoza, destacaba la jurisdicción penal inapelable y la adquisición legal de tierras tras un plazo de un año y un día sin haber sido reclamadas judicialmente.
La política de tolerancia con los musulmanes buscaba ante todo contar con población suficiente para la defensa y el desarrollo de las actividades económicas habituales, pero tuvo como efecto añadido un notable florecimiento de la vida cultural del reino.
En particular, destacaron el notable centro de traducción de Tarazona y la figura del judío converso oscense Pedro Alfonso, apadrinado en su bautismo por el rey.
Alfonso aseguró la nueva conquista tomando otros lugares del valle medio del Ebro, como Tudela, Tarazona y Borja, e inició el camino hacia el sur por las cuencas del Jalón y del Jiloca medio y hacia Valencia. Paralelamente fue dotando de fueros ventajosos a los centros urbanos conquistados para atraer a la población suficiente que garantizase la capacidad defensiva del territorio recién adquirido y su desarrollo económico.
La atrevida incursión por el Sur, hacia Andalucía, en el año 1125-1126 también supuso un aporte significativo de población para los nuevos territorios.
Entre 1125 y 1126, Alfonso I, animado por las sucesivas victorias y por la toma de Saraqusta, emprendió una expedición durante la cual atacó Levante y Andalucía. No se trataba de una campaña militar de conquista, pues no se disponía de capacidad suficiente para ordenar y estabilizar un territorio tan extenso, desde Aragón a Granada. El espíritu era, más bien, el de llevar a cabo una demostración de poder militar.
El rey de Aragón reunió entre cuatro mil y cinco mil caballeros y alrededor de quince mil infantes, que partieron hacia Valencia en septiembre de 1025. El 20 de octubre, atacaron esta ciudad Valencia había caído en manos musulmanas tras la muerte de Rodigo Díaz de Vivar y su esposa Jimena no había podido sostener la defensa de la ciudad) y durante el asedio se fue uniendo un importante contingente de mozárabes –cristianos que habían permanecido en zona musulmana-. Durante todo el trayecto de la expedición, la llegada de mozárabes supuso un constante incremento de las fuerzas aragonesas.
Alfonso I fue penetrando en territorio musulmán de manera imparable y atacando las plazas que encontraba a su paso. Obtuvo victorias y sufrió derrotas, pero consiguió llegar hasta las puertas de Granada. El 7 de enero de 1126, acampó en el río Farrés, de allí pasó a al-Mazuqa y se situó a dos días de camino de la capital granadina. La caballería musulmana permanecía alerta, rodeando al ejército aragonés, pero sin lanzar su ofensiva; y Alfonso I se mantuvo diez días en el campamento esperando que mejorase el tiempo, pues las lluvias habían inundado los caminos y el hielo dificultaba el avance del ejército. Finalmente, el rey de Aragón levantó el campamento y regresó hacia el norte, sin cejar en sus ataques a las poblaciones musulmanas.
Según los cronistas árabes, Alfonso I “llegó a su país orgulloso con lo que había conseguido en esta expedición, de derrotar a los musulmanes y devastar el país y por lo mucho que había cautivado y robado. Aunque no tomó ningún lugar amurallado, ni grande ni pequeño, solamente saqueó las casas de la campiña de al-Ándalus y borró sus trazas”. En junio de 1126, el Batallador ya estaba en Aragón. Había conseguido mostrar que su ejército podía ser un peligro para la seguridad andalusí y atraído a un numeroso grupo de mozárabes que impulsaron la repoblación de los territorios recién conquistados.
Un objetivo mayor de la política de extensión aragonesa de Alfonso I era dotar a sus territorios de una salida al mar que permitiese una comunicación directa, vía marítima, con Jerusalén , pues el mismo aliciente espiritual movia a los guerreros de ambos confines del mediterráneo: la lucha contra el Islam y la dilatación de la cristiandad. Las acciones bélicas emprendidas hacia el Este perseguían este objetivo, pero para lograrlo era necesario zanjar los problemas con Castilla, iniciados tras la separación de Alfonso I y Urraca. Al morir ésta, la heredó su hijo del primer matrimonio, Alfonso VII, con quien, tras unos primeros enfrentamientos, el rey aragonés firmó la paz –pacto de Támara (1128)- que establecía los limites fronterizos entre ambas Coronas.
Durante 1128 y 1129, la expansión aragonesa se dirigió hacia el Sur, conquistando núcleos como Cella, Molina, Longares, Traid, en las actuales provincias de Teruel y Guadalajara. El área valenciana –colindante con las nuevas conquistas- contaba con la gran ventaja de proporcionar una salida al mar. La zona no era desconocida para las tropas aragonesas, pues ya habían guerreado allí como aliadas del Cid Campeador y, mandadas por Alfonso I, en el inicio y final de la incursión a Andalucía. En 1126 se conquistó Játiva, pero cuatro años después se perdió la plaza durante los enfrentamientos de Gastón de Bearne y el nuevo gobernador de Valencia, Yintán ibn´Ali al-Lamtuni. En el combate murió el bearnés cuya cabeza, según una crónica árabe, fue llevada a Granada y “alzada en una lanza, fue paseada por los zocos y las calles”. Su cuerpo, rescatado por los cristianos, fue enterrado en la iglesia de Santa Maria la Mayor (hoy del Pilar) y allí quedó depositado su cuerno de caza u olifante de marfil.
A finales de 1132, Alfonso ocupó Mequinenza con una pequeña flota fluvial. Jerónimo Zurita en sus Anales, nos cuenta: “fue muy señalado en esta guerra y en la toma de Mequinenza, el esfuerzo y gran valor de tres caballeros aragoneses, que se llamaban Pedro de Biota, que era adalid del rey, e Iñigo Fortuñón y Jimén Garcés, a los cuales el rey hizo merced de la villa y castillo de Nonaspe en la ribera del Matarraña Después atacó Fraga, cuya conquista ya había planeado con anterioridad pero sin ejecutarla por la oposición del conde de Barcelona, Ramón Berenguer III.
El asedio de Fraga fue prolongado. La batalla decisiva se demoraba, por lo que los musulmanes pudieron recibir refuerzos necesarios para resistir a las tropas aragonesas. Cuando finalmente ambos ejércitos se enfrentaron el 17 de julio de 1134, Alfonso I sufrió una terrible derrota. Muchos nobles murieron en la batalla. Tras ella, ya no figuran menciones documentales de Ato Garcés, señor de Barbastro; Capuz, señor de Calahorra, Céntulo de Bigorra; Iñigo Jiménez, señor de Calatayud; Juan Galíndez, señor de antillón; Lope Blasco, señor de Pomar de Cinca; Orti Ortiz, señor de Borja; Pedro Ortiz, señor de Lizana; Pere Petit, señor de Loarre, y Tizón, señor de Buil. Aunque, según Antonio Ubieto, lo más probable es que de todos ellos solo cinco pereciesen en Fraga.
El colapso del ejército cristiano fue tal que los musulmanes pudieron iniciar una recuperación territorial. A principios de 1135 Aragón había perdido plazas como Mequinenza, Monzón y Pomar de Cinca. La muerte del sexagenario rey, acaecida quizás en Poleñino, aldea entre Sariñena y Grañén, sólo dos meses después (7 de septiembre de 1134) de la derrota de Fraga, fruto de las heridas sufridas en Fraga, aceleró ese periodo de pérdidas territoriales. Una sola derrota y la mortandad sufrida por sus tropas precipitaron el final de Alfonso I cuyos restos fueron sepultados en Montearagón.
Su figura fue muy valorada por sus coetáneos y por los cronistas posteriores, pero despreciada por los castellanos, debido al conflicto con la reina Urraca. Su esposa dio testimonio de su carácter violento –“No sólo ha encendido mis mejillas, hasta ha llegado a herirme con los pies”- y las Crónicas Anónimas de Sahún lo tildaron de “celtibero cruel”. Sin embargo, los cronistas franceses lo calificaron como “nuevo Julio César” y “segundo Carlomagno”; el escritor árabe Ben Al-Afhir lo describió como “el más solicito de los reyes cristianos en hacer la guerra contra los musulmanes”; en la Crónica de San Juan de la Peña, se anotó que le llamaban Batallador “porque en España no hubo tan buen caballero, que en veintinueve batallas venció”.
Su escasa afición a las mujeres –según Ben Al-Afhir, ni siquiera tenia concubinas, por considerar que para un guerrero sólo era recomendable la compañía de hombres de armas- y el fracasado matrimonio con Urraca de Castilla dejaron a Alfonso I sin descendencia. Su único hermano estaba dedicado a la iglesia y no había participado en labores de gobierno ni en campañas bélicas. El rey descartó la continuidad dinástica y decidió hacer herederas del reino a tres Órdenes militares: la del Temple, la del Hospital y la del Santo Sepulcro. Tan inusual decisión es comprensible sólo dentro del espíritu de cruzada: a falta de heredero adecuado, Aragón y Pamplona se trasformarían en el reino de los cruzados. Sin embargo, ni aragoneses ni pamploneses estaban dispuestos a admitir que caballeros extranjeros se hicieran con el poder. Los nobles aragoneses y alguna ciudad como Jaca no lo permitieron y otorgaron el reino al hermano del rey, el monje Ramiro, y los pamploneses pusieron la corona en manos de García Ramírez, bisnieto, por vía natural, de García III de Pamplona, el hijo de Sancho III el Mayor. La unión de Pamplona y Aragón había terminado.
Imágenes:
1.- Alfonso I. Óleo de Feancisco Pradilla
2.- Territorio aragonés siglos XI-XII
3.- Urraca de Castilla y León.
4.- Caballeros Templlarios
5.- Aragón en el siglo XI-XII
6.- Olifante de Gastón de Bearn. Conservado en "El Pilar"
7.- Monumento al "Batallador" en Zaragoza. Parque Grande .
8.- Firma de Alfonso I
Biblografia:
Buesa Conde. Domingo J. El nacimiento de Reino. Historia de Aragón. Heral de Aragón. Zaragoza, 1991.
Fatás Cabeza, Guillermo. Reyes y Reinas de Aragón. Heraldo de Aragón . Zaragoza, 2006.
Rubio Calatayud, Adela. Breve historia de los Reyes de Aragón. Editorial Delsan. Zaragoza, 2004.
Viver de Bondía, Francisco. Conquista del Bajo Aragón y Alcañiz. Maella y su escudo. R.B. Servicios Editoriales, S.A. Madrid, 2008.
Pedro Sánchez, por la gracia de Dios, rey de los aragoneses y pamploneses (Petrus Sangiz, gratia Dei rex Aragonensium sive Pampilonensium), rey de Sobrarbe y Ribagorza.
Octavo Rey de Aragón, constituido en lugar de su padre en el mismo cerco de Huesca, alcanzó poco después aquella insigne victoria de Alcoraz, de que sacó las esclarecidas armas que, como se ve, han pasado a sus descendientes; y son cuatro cabezas cortadas de reyes moros negros, en medio de las cuales está en cuadro puesta la cruz de San Jorge, que desde entonces quedó por santo titular del reino. Finalmente habiendo tomado a Huesca, glorioso, y excelente en todo género de virtudes, con razón fue llamado FELIZ, PIADOSO, VENCEDOR Y MÁXIMO; y siendo de edad de 35 años murió sin dejar hijos el 27 de septiembre de 1104.
Reinó 10 años, 3 meses y 26 días.
Pedro I era hijo primogénito de Sancho Ramírez y de su primera esposa, Isabel de Urgel. Se cree que nació en Jaca hacia 1069.
Casó primeramente en Jaca con Inés de Aquitania, en enero de 1086, con apenas diecisiete años, de la que nacieron los infantes Pedro e Isabel, que murieron en 1103. Este enlace dignificaba la dinastía aragonesa al emparentar con una de las casas más prestigiosas y relevantes de Francia y, por tanto, de la cristiandad occidental. Inés era hija del conde de Poitou y duque de Aquitania Guy-Geoffroy –también llamado Guillermo VIII- y de su esposa Audearde de Borgoña; fruto por tanto de dos de las más importantes estirpes de la época, especialmente vinculadas, además, al Papado. Además Pedro conseguía un importante apoyo militar, el del duque de Aquitania, que ya había participado en apoyo de los aragoneses en 1064 contra Barbastro y lo volvería a hacer en 1087. La reina Inés falleció en la primavera de 1097. Pedro I volvió a casarse, temeroso de quedarse sin herederos, dada la precaria salud del infante Pedro, el 16 de agosto de 1097, en Huesca, con Berta, de la que no se sabe quedase descendencia, regresando cuando quedo viuda y pasado un breve periodo de tiempo, a Italia de donde procedía. Berta era una dama del norte de Italia cuyo origen no queda muy bien aclarado en la documentación conocida. Según Szaboles de Vajay podría haber sido hija del marqués de Italia, Pedro de Aosta, y de Inés de Poitou, hija del duque de Aquitania Guillermo VII y prima de la primera esposa del rey de Aragón.
En 1085, con solo diecisiete años, además de preocuparse de su boda, fue designado rey de Sobrarbe y Ribagorza, compartiendo con su padre los trabajos de gobierno. Posiblemente participó en la batalla de Sagradas (octubre de 1086), ayudando a Alfonso VI de Castilla. Intervino en la reconquista de Estada (1087), Monzón (1089) y Estadilla. Para él se creó el “reino de Monzón”, que en 1090 tuvo sus propios límites y persistió hasta que esta población pasó a manos de los templarios. En 1093 conquistó Almenar (Lérida). Continuando los intentos de los reyes aragoneses de ocupar Lérida.
Al morir Sancho Ramírez en el sitio de Huesca fue proclamado rey de Aragón y Pamplona. En 1095 ocupaba Naval y Salinas, iniciando el ataque a las tierras de Barbastro. Con motivo de la predicación de la “Primera Cruzada” se asentó en un “pueyo santo”, que con el tiempo se convertiría en el Pueyo de Sancho, junto a Huesca (ermita de San Jorge).
En 1096 venció definitivamente a los musulmanes en la batalla de Alcoraz, que permitió la ocupación de Huesca el 27 de noviembre de 1096 y todas las tierras que le rodean, a excepción de Bolea, Almuniente y Piracés. La conquista de Wasqa (Huesca) era fundamental para asegurar los territorios vecinos anexionados anteriormente y para poder comenzar la expansión hacia la capital de la taifa de Saraqusta (Zaragoza).
En abril de 1097 se consagró la catedral de Huesca. La ciudad iba a convertirse en una de las principales del reino y debía ser, sin lugar a dudas, un centro cristiano. En 1097 colaboró con Alfonso VI de Castilla en la toma de Toledo, a pesar de que nobles castellanos lucharon contra él en el asedio de Huesca. En 1099 se asentaba en el Pueyo de Barbastro, iniciando el ataque a la ciudad entregándose el 18 de octubre de 1100.
La expansión territorial aragonesacontaba con el beneplácito de la Santa Sede, se realizaba a costa de las taifas musulmanas de la península ibérica y con la participación de tropas de diversos Estados europeos, como Normandia o Aquitania.
Terminada la empresa de Barbastro Pedro imbuido del espíritu que animaba a los guerreros de ultramar se reunió en Poitiers con su cuñado Guillermo el Trovador, los condes de Blois y de Borgoña y el margrave de Austria para prepararse y salir todos juntos en una cruzada a Oriente. El Papa Pascual II convenció al rey de Aragón de la prioridad de combatir a los musulmanes de Hispania. El Rey ya había tenido relaciones con el Papa Urbano II, anterior al Papa Pascual, con quién se entrevisto una vez tomada la ciudad de Huesca para tratar asuntos económicos.
En 1101 inició una “Cruzada” contra Zaragoza, para lo que creó la posición de Deus o vol -Dios lo quiere-(Juslibol), a cinco kilómetros de Zaragoza, que era el grito de guerra de los cristianos y usado en las Cruzadas. Pero fracasó. En cambio pudo conquistar Bolea (1101) y Almuniente (1102), así como ocupar Calasanz, que había disputado con el conde de Urgel, su pariente, que se había declarado vasallo suyo. En 1103 ocupa Piracés. El 17 de abril de 1104, el rey reunió un ejército para ir a Bearn y verse con el vizconde Gastón. Su intención era aliarse con él y atacar Comminges y Armañac pero empeorado de su enfermedad murió en el valle de Arán el 27 de septiembre de 1104.
El rey Pedro I fue enterrado en el monasterio de San Juan de la Peña. Dado que no tenía hijos que le heredasen le sucedió en el trono su hermano, el infante Alfonso.
Al quedar viuda, la reina Berta gobernó Agüero, Sangarrén y Callén. Mientras Alfonso el Batallador era rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza, Berta era reina de territorios al pie de la sierra de Marcuello y de Callén y Sangarrén en la Hoya de Huesca. En 1111 estos territorios se incorporaron a los estados de Alfonso I.
Más interés tiene sus relaciones con el Cid Campeador. Mantuvo amistad con él, hasta su muerte el 10 de julio de 1099. Mientras el Cid vivió, Pedro I era dueño de una serie de poblaciones de la actual provincia de Castellón, como Culla, Oropesa, Montornés y la misma Castellón. Apoyó al Cid en Valencia, realizando algunas expediciones como la ayuda contra los almorávides y abasteciendo Peñacadiella (Benicadell). Estas posesiones aragonesas se perdieron en 1103, cuando los almorávides se apoderaron de la ciudad de Valencia. Pedro de Aragón salió con su ejército para auxiliar la ciudad pero no llegó.
De sus relaciones con el Cid Campeador quedan noticias de la boda de su hijo el infante Pedro con María Rodríguez, hija del Cid, hacia 1098. Se cuenta que las bodas se celebraron en Valencia. El Cid salió a recibir al infante Pedro a unas leguas de la ciudad, acompañado de su séquito; unos días después llegó Ramiro de Navarra, y todos se dirigieron a Valencia donde fueron recibidos por el arzobispo Jerónimo. Los novios fueron alojados en el palacio del Cid durante la semana de fiesta que precedió al matrimonio, que se celebró en la catedral. El Cid dotó a sus hijas como si fueran reinas; Pedro y Ramiro prometieron su ayuda en las campañas que su suegro llevase a cabo.
El Cantar del Mio Cid recoge la noticia de la boda de un modo poético y legendario:
Hicieron sus casamientos doña Elvira y doña Sol (…)
Ved cómo le crece la honra al que en buena hora nació,
Que sus hijas son señoras de Navarra y Aragón (…)
Pero los infantes no pudieron reinar en Aragón porque Pedro murió pronto, se dice que el mismo año que su hermana, en 1103. María posteriormente se casó con el conde Ramón Berenguer III de Barcelona, con quien tuvo dos hijas. La hija del Cid murió en noviembre de 1105.
Imagenes:
1.- Pedro I
2.- Escudo de Armas de Pedro I
3.- Juramento del Pedro I ante su padre, Sancho Ramirez
4.- Murallas de Huesca
5.- Urbamo II convoca la Cruzada
6.- Pedro I ante Urbano II
7.- tumbas en San Juan de la Peña. Entre ellas la de Pedro I
José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario.
Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental.
Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos.
Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años.
Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S.
Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos".
En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año.
Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ)
Actualmente desarrolla su actividad profesional en Zaragoza desde 1983.
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