El Día de Aragónl sirve para homenajear a a San Jorge, santo patrón del Reino de Aragón, festividad que fue establecida en el reino de Aragón en 1461, por las Cortes de Aragón con la intención de que fuera una celebración «perpetua, guardada, observada y celebrada solemnemente» . Preceptos que se cumplen cada año, cuando llegada la fecha, la ciudad se viste de fiesta para celebrar el día, con muchas variadas actividades culturales y recreativas.
Festividad de San Jorge. Paseo de la Independencia, en Zaragoza. Día del Libro. Mañana soleada, un estupendo paseo entre cientos de zaragozanos que han hecho de este acontecimiento un éxito de público.
La tortilla de patatas, como manda la tradición, será la protagonista en todas las mesas en la capital turolense. Y es que el martes de Pascua, Teruel se queda desierta desde primeras horas de la mañana, ya que los turolenses celebran una comida campestre en compañía de familiares y amigos con motivo del tradicional Sermón de las Tortillas. Por la tarde, la fiesta continuará en la plaza de toros de Teruel con vaquillas y música.
La celebración del Sermón de las Tortillas se remonta a la Edad Media cuando se merendaba tras elegir a los miembros del Concejo de la ciudad y que, tenía lugar cada martes de Pascua. En el siglo XIV la Cofradía de Nuestra Señora de la Villa y la Sangre de Cristo ofrecía una comida a los pobres.
Sobre el nombre, se dice que 'Sermón' recuerda que los martes de pascua se llevaba a cabo un sermón para recordar a los cofrades de la Hermandad que habían fallecido en los últimos meses; 'Tortillas' se añadió ya en el siglo XIX por ser el alimento principal que se ingería en esta fiesta.
Según Vidal Muñoz, cronista e historiador de la ciudad, la tradición es medieval, pero el nombre es contemporáneo.
La fiesta continuó, sermón incluido hasta 1935, pero a partir de ahí se perdió el sermón y se mantiene la fiesta como un día de campo y celebración con los amigos.
Desde 1997 se celebra en Teruel la que ya es una de sus fiestas más importantes: ‘Las Bodas de Isabel de Segura'. La creciente repercusión que ha ido cobrando año tras año y la masiva implicación de los vecinos de la ciudad, le valió el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico de Aragón en 2007. Miles de turolenses vuelven a recrear la leyenda del 16 al 19 de febrero. Durante cuatro días la ciudad retrocede en el tiempo y nos sumerge en el ambiente medieval que tendría en el siglo XIII gracias a la entrega de los turolenses y a los numerosos actos que se celebran en las calles (mercado medieval, torneos, espectáculos de animación, cuentacuentos, danza, música, teatro), y en especial a la representación de la historia de los Amantes de Teruel, en la que participa la ciudad al completo.
En 1555, durante unas obras en la iglesia de San Pedro, aparecieron los cadáveres momificados de una mujer y un hombre jóvenes. Junto a los cuerpos había un documento que explicaba que se trataba de los restos de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, muertos por amor tres siglos antes. Nació aquí una leyenda que ha permanecido viva a lo largo de los siglos convirtiéndose en símbolo de la ciudad de Teruel. Sabemos que a principios del siglo XIII, dos jóvenes, hijos de familias nobles de la villa, pasaron de jugar juntos a enamorarse sin remedio. Supieron pronto que era un amor imposible porque Diego, a pesar de pertenecer a una familia de linaje, no disponía de la fortuna suficiente para desposar a Isabel, hija de uno de los comerciantes más ricos de Teruel. Diego decidió marchar a tierras de conquista para ganar fortuna y un nombre. Ella prometió aguardarle durante cinco años, pero avatares del destino quisieron que Diego regresara a los cinco años y un día, encontrándose la villa entera celebrando los esponsales de su amada. Creyó enloquecer, pero logró llegar hasta Isabel para rogarle un beso que ella, que acababa de jurar fidelidad a don Pedro de Azagra, le negó. En aquel instante Diego cayó desplomado, muerto de amor. Dicen las crónicas que a los funerales acudió Teruel entero y que no cabía un alma en San Pedro. Antes de comenzar los oficios, una mujer con el rostro cubierto se acercó al catafalco, abrazó con ternura al difunto, le besó largamente y a continuación murió en sus brazos. Los amantes fueron enterrados juntos y aún hoy pueden visitarse sus restos, que actualmente descansan en un magnífico mausoleo, obra de Juan de Ávalos, ubicado desde 2005 en un edificio anexo a la iglesia de San Pedro.
El conjunto mudéjar de Teruel fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 y su casco histórico conserva el trazado medieval original. Un escenario único para enmarcar esta fiesta ideada por Raquel Esteban, gerente de la Fundación Bodas de Isabel, entidad organizadora. Tras licenciarse en danza en Valencia esta profesora de música volvió a su Teruel natal donde diseñaría los trajes para la primera edición. No en vano es especialista en costumbres y trajes medievales. Hoy son 15.000 las personas que colaboran en esta magnífica ambientación.
Como cada 29 de enero la ciudad aragonesa se prepara para festejar a su patrón San Valero. La celebración se remonta a mucho tiempo atrás y rinde honor a Valero de Zaragoza que fuera obispo de la ciudad en el siglo IV, del que algunos consideran una figura de la religión y otros un mito. Esta celebración entraña tradición religiosa y gastronómica en la ciudad que ve llegar el día con entusiasmadas actividades de la Fiesta Mayor Zaragozana.
Un año más, y ya van 20, la Plaza del Pilar de Zaragoza celebra el día de su patrón ofreciendo a los vecinos de la ciudad un gigantesco roscón. Alrededor de unas 20.000 personas podrán desayunar en honor a San Valero que, además, ha vencido a la lluvia.
Visita obligada es la que hay que hacer a la Catedral de La Seo a orar ante las reliquias de San Valero.
Imagen ya desaparecida de La Seo de Zaragoza. En ella se puede observar el "Arco del Arzobispo" que unia la catedral con el Palacio Arzobispal y la Fuente de la Samaritana.
"Venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza". Cuadro de Goya joven que se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza
En el año 40 (después de Cristo), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión. Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, pescadores de Galilea que siguieron a Jesús hasta transformarse en Sus Apóstoles. Después del Pentecostés, llenos del Espíritu Santo, los doce Apóstoles salieron a evangelizar el mundo. Santiago tuvo la inspiración de elegir la Península Ibérica como destino, cambiando a partir de allí la historia de España y de la América toda, muchos siglos más tarde.
Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a siete hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".
Santiago y los Santos Convertidos, obra de José Ramirez de Arellano, en el interior de la Santa Capilla
No existen documentos que confirmen los lugares de origen de esos siete hombres (los convertidos), hay opiniones de que eran de Roma, otra fuente situa su origen en Zaragoza, donde se unieron al Apostol, junto a otros dos varones, Teodosio y Atanasio, que le acompañaban en su viaje.
Una peculiar tradición aragonesa los hace naturales de diferentes poblaciones de esta región: Indalecio, de Capse (Zaragoza); Eufratio, de Sariñena, en Huesca; Tesiifonte, de Tauste (Zaragoza), Torcuato, de Calatayud (Zaragoza); Hesiquio, de Tarazona (Zaragoza) y Cecilio y Segundo, sin patria conocida.
Todos ellos partieron hacia Jerusalén excepto Anastasio y Teodosio que se quedaron como Obispo y
Posteriormente, martirizado Santiago, sus discipulos partieron hacia Roma donde fueron consagrados Obispos por los Santos Pedro y Pablo y enviados a la provincia Bética (actual Andalucía) para que predicaran el evangelio.
Conocida también como zoca, tizón, troncada, toza o corniza de Navidad.
Se trata de una costumbre europea antiquisima conservada en Aragón con dos variantes: "hacer cagar la tronca" en la zona oriental o "quema de la toza" en la occidental. Es un rito cuyo centro es el hogar-fuego donde la familia unida busca la prosperidad para la hacienda y para sus dueños (origen inicial).
La abadesa del monasterio de Casbas (Huesca) Ana Abarca de Bolea (hermana del Conde de Aranda), ya nos habla de ella en el siglo XVII:
"Toz la claman buena noche, dirálo la colazión y lo tizón de Nadal que ye nombrado tizón"
En la primavera se va al bosque a recoger la leña para el invierno. Los picadores reservan la toza más grande para el día de Navidad. En Nochebuena se coloca en el fogaril.
En la zona oriental (Ribagorza, Litera, Bajo Aragón) se bendice y se aprovecha algún hueco de ella para esconder golosinas o presentes. Ramón J. Sender la recuerda en Alcolea de Cinca: "Tronco de Nadal, manda al mayoral que nos dé confites la noche pascual".
En la zona occidental se bendice y se quema un poco cada día hasta Reyes. Según los lugares la ceniza tenía poderes fertilizantes, protectores de animales y personas. La parte no quemada se guardaba en la falsa para proteger contra los rayos.
Tradición española y por consieguiente también aragonesa.. El Día de Todos los Santos, miles de zaragozanos se dan cita en el Cementerio de Torrero para visitar a sus antepasados y a sus seres queridos. Un camposanto que ve crecer sus instalacianes renovándose a los nuevos tiempos.
Desde 1834 todas las personas que son enterradas en nuestra ciudad entran a formar parte de ese museo de Historia que es el Cementerio de Torrero de Zaragoza. Contemplando el discurrir de nuestras vidas, el cementerio permanece, es la ciudad de los muertos, una ciudad que estrenado noviembre la visitamos, recordando a aquellos de los nuestros que ya no están pero que siguen presentes en nuestro recuerdo.
Y cada muerte es una vida. Por eso todos los camposantos encierran un mundo vital que se puede leer en su interior. En sus manzanas y calles aprendemos de unas vidas que fueron y que se plasmaron en lápidas de piedra. Los vivos podemos aprender y disfrutar de lo que el cementerio de Torrero nos muestra, siglos de gentes que hicieron la Historia de nuestra Zaragoza.
Conocer este rincón zaragozano nos enseña que la vida en un “continuum” con diferentes protagonistas, un discurrir que deja como legado una obra humana visible a los que aún estamos y que nos espera.
La historia de Zaragoza podemos leerla en ese libro abierto que es el cementerio de nuestra ciudad. Paseando por él pasamos páginas llenas de arte y de belleza pero también de mucho dolor y de lágrimas derramadas, de llantos desconsolados por los que allí reposan recordándonos que somos humanos y que la muerte a todos nos igualará, ricos y pobres, famosos y desconocidos, héroes y victimas.
Hoy, miles de zaragozanos, como cientos de miles de personas en sus ciudades, velan a sus muertos, regalándoles flores y manteniéndoles vivos en el recuerdo que es como estar vivos. Un respiro, un alivio, un recuerdo, una tradición que nos acerca a los que un día nos dejaron para irse a un "mas allá" todavía por descubrir.
Hoy, en un tiempo permeable a las tradiciones foráneas, se celebra por la Iglesia Católica el Día de Todos los Santos (muchos desconocen que el Día de los Difuntos se celebra por la Iglesia el día 2) con una fiesta que nos reconforta en la fe de que algún día resucitaremos.
José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario.
Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental.
Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos.
Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años.
Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S.
Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos" en el barrio homónimo de esa ciudad castellana.
En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año.
Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ)
Actualmente desarrolla su actividad profesional en Zaragoza desde 1983.
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