
La tricentenaria posada ha sido citada en diversas novelas, por ejemplo en la de Pedro Mata “El hombre que se reía del amor” (1924). La Posada de las Almas que ve Pedro Mata no es ya en estas fechas el antiguo mesón de aire rancio: “La Posada de las Almas...apenas si conserva de su antiguo aspecto el portalón enorme, el inmenso zaguán empedrado con picudos guijarros, sobre los que descansan los carros, varas en tierra y la bolsa vacía colgando de la zaga; la vieja galería sostenida sobre recios pilares, llena de cuerdas con ropas a secar. En cuanto se traspone la escalera la poesía desaparece, nada queda en el piso que recuerde el viejo mesón. Todo está limpio, pulcro, pintado, muy moderno. Hay lámparas eléctricas, percheros de tres pies, biombos, una gran pianola para solaz de la concurrencia y camareras vestidas como todas las camareras de todos los restaurantes.
servido por Jose Antonio
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