Tularemia

El creciente número de topillos (se habla de cientos de millones de individuos) en los campos de Castilla y León ha traído consigo el interés por esta enfermedad. Aparte del dalos agrícola que están ocasionando la preocupación de las autoridades ha aumentado a raíz de la detección de los primeros casos de tularemia en seres humanos.
La tularemia es una enfermedad bacteriana asociada tanto a los animales como al hombre. Si bien muchos animales domésticos y silvestres han sido infectados, el conejo suele ser el más comúnmente relacionado con brotes epidémicos de la enfermedad.
Los cazadores. Los agricultores en el momento actual u otras personas que permanecen mucho tiempo al aire libre corren un mayor riesgo de exposición a la tularemia que las personas con otras ocupaciones o intereses recreativos. Otro grupo de alto riesgo está compuesto por veterinarios y quienes trabajan con aves de rapiña (debido a la manipulación de conejos para alimentar las aves).
Se sabe que existen muchas formas de exposición humana a la tularemia. Las formas comunes incluyen la inoculación de la piel o membranas mucosas con sangre o tejido al manipular animales infectados, por mordeduras de pulgas o garrapatas de ciervos infectados, o bien, a través de la manipulación o el consumo de carne de conejo sin la cocción adecuada. Otras formas menos comunes de contagio incluyen beber agua contaminada, inhalar polvo de suelo contaminado o manipular pieles o garras de animales contaminados.
Los síntomas de la tularemia son variados y dependen del lugar por donde el organismo ingrese al cuerpo. Cuando el ingreso se produce a través de la piel, la tularemia puede reconocerse por la presencia de una lesión y la inflamación de ganglios. La ingestión del organismo puede producir una infección en la garganta, dolor intestinal, diarrea y vómito. La inhalación del organismo puede causar sólo fiebre, o bien, fiebre y una enfermedad similar a la neumonía.
Los síntomas generalmente aparecen entre dos y 10 días, aunque suelen presentarse después de tres días.
Ciertos antibióticos como la estreptomicina resultan efectivos en el tratamiento de esta enfermedad. Existen informes de que otros medicamentos como la gentamicina y la tobramicina también resultan efectivos.
Aunque la recuperación de la tularemia es seguida por una inmunidad a largo plazo, existen informes de casos en que se ha producido nuevamente la enfermedad.
Se deben utilizar guantes de goma para desollar o manipular animales, especialmente conejos. La carne de roedores y conejos silvestres debe cocinarse muy bien antes de consumirla. Se deben evitar las picaduras de pulgas y garrapatas de ciervo, así como el consumo de agua sin tratar.
Ante la aparición de signos o síntomas de esta enfermedad se recomienda acudir al médico para descartar esta infección.










