La Torre Nueva (Zaragoza desaparecida)

Muchos son los desmanes arquitectónicos que a Zaragoza le ha tocado vivir a lo largo de su historia pero, quizás la más universalmente difundida fue la demolición de la llamada Torre Nueva.
Acabada hacia 1520, era una esbelta y original torre mudéjar, con elementos renacentistas, que fue promovida por
Tenía un triple chapitel característico, ancho, con vuelo y dividido en tres cuerpos, bajo el que se cobijaban las campanas, de las que fue muy representativa la mayor, alerta y noticiero ciudadano, llevada, más tarde, al Pilar.
Un vigía allí emplazado, atisbaba hasta veinte leguas a la redonda. Y demostró cumplidamente su eficacia en numerosas ocasiones de peligro y, mas notablemente, durante 1808 y 1809.
Artísticamente vale juzgarla por diversos apuntes y representaciones. Y su tamaño y peculiar apostura fueron representados muchas veces, escaso y magro consuelo para quienes, hoy, no podemos ver la que posiblemente fue la mayor torre mudéjar nunca construida. Era, antes de que se edificase El Pilar en su aspecto actual y aun después de construido el bello campanil de
Al poco de construirse, seguramente por el escaso tiempo que se empleó en hacer el primer cuerpo, a modo de altísimo zócalo, se inclinó un tanto, probablemente a causa de haber fraguado más aprisa el lado por donde recibía mejor el sol. Pero, arriba del todo su desviación de la vertical no era peligrosa (y, desde luego, mucho menor que la torre de Pisa), sin que se apreciaran, desde mediados del XVIII hasta finales del XIX, signos de progreso en esa inclinación.
Como se pudo ver cuando se acometió su bárbara destrucción, era perfectamente sólida. Y baste, para demostrar lo ficticio de los
razonamientos de sus enemigos, decir que el mismo Concejo, a fin de allegar fondos para abonar los gastos del crimen de leso Arte, publicó una autorización para que, mediante el pago de diez céntimos, subieran quienes quisieran mirar desde su cima por última vez el panorama urbano. Lo que hicieron miles de zaragozanos, obviamente sin riesgo alguno y, entre ellos, seguramente, los varios millares que firmaron pliegos de protesta, protagonizaron mítines y escribieron hasta cansarse en todos los órganos de opinión sin obtener indulgencia alguna para la pobre Torre Nueva.
El gran maestro que fue J.R. Mélida, a finales de siglo, la veía de este modo: La fábrica es de ladrillo; su planta es octógona, de
El segundo cuerpo, que es octógono, dividido en tres pisos con ventanas ojivas, menos en la cara que ocupa la esfera del reloj, y resaltos a modo de torrecillas en los ángulos, que suben hasta la cornisa. Sobre los vértices de las segundas ventanas se elevan unos torreoncillos que sirven de sostén a unos balcones cobijados por arcos de medio punto; pero éstos y los balcones como el chapitel de tres cuerpos, no pertenecen a la obra primitiva, sino a la reforma que sufrió el siglo pasado (XVIII). Interiormente, hay una escalera de 260 peldaños que se desarrolla en espiral entre el muro exterior y otro más delgado.
Por fuera la torres esta recamada, podríamos decir, con primorosas labores de lacería alicatada, hechas con ladrillo, cuyo gusto acusa desde luego su origen muslímico.
En 1892 caía la torre, por autorización gubernamental de un gabinete presidido por Antonio Cánovas y por orden del alcalde, señor Alejandro, a quien no puso impedimentos mayores
Anselmo Gascón de Gotor tuvo el buen gusto y mejor gesto de atreverse a publicar algunos nombres en

Foto 1.- Torre Nueva. Copia en papel. Archivo municipal de Zaragoza.
Foto 2.- Esta escultura de bronce de Miguel A. Bordeje (1991) forma parte del conjunto de la remodelación promovida por el Ayuntamiento en
Foto 3.- Plaza de San Felipe.














Danonino dijo
Como ya sabrás, se ha propuesto en varias ocasiones reconstruírla como se hizo con el campanile de Venecia después de que un terremoto lo derrumbara... a casi todos los arquitectos del mundo les parece una tontería reconstruír cosas que ya no son... por muy bellas que fueran y yo opino lo mismo, porque no tiene razón de ser.
Yo también soy médico y una de mis aficiones es el arte e historia de mi ciudad... ahora que se hacen tantos proyectos y se construyen edificios vanguardistas con motivo de la Expo etc, parece que la ciudad vuelva a recuperar un poquito ese esplendor y entra en un nuevo Renacimiento.
Se habló de construír un rascacielos en el solar que deje la Romareda o en el Portillo... y yo pienso que qué mejor que construír una torre inspirada (que no copiada), con su inclinación y todo, en la torre nueva. La Nueva Torre Nueva. Sería el culmen de ese nuevo renacimiento... el símbolo de que Zaragoza puede recuperar otra vez si creemos en nuestra tierra, el poder que se tuvo en esta tierra.
¿qué sentido tiene construír torres sin identidad ninguna que bien podrían estar en Madrid o en Boston? así nos ha ido por querer imitar a grandes ciudades otras veces...
10 Agosto 2009 | 12:47 PM