La Coctelera

Aragón y Medicina

El blog de un médico amante de su tierra y de su profesión

24 Agosto 2007

José Rebolledo de Palafox y Melci

José Rebolledo de Palafox y Melci fue el tercer hijo de los marqueses de Lazán y Cañizar ( Juan Felipe Rebolledo de Palafox, navarro, y, Paula Melci, joven belleza milanesa). Nació en Zaragoza en 1775 donde estudió con sus hermanos Luis y Fernando en el Colegio de los Escolapios. Tuvo como preceptor al P. Basilio Boggiero.

El matrimonio de los marqueses fue un matrimonio feliz y, además de casar bien a su única hija, sus tres hijos varones entraron en el Real Cuerpo de Guardias de Corps, que desde tiempos de Godoy fue destino social y político de altos vuelos. Fue el Rey Fernando VII el que le encargó la custodia del mismo Godoy, amante de su madre. Y por obedecerle corrió Palafox la suerte de aquella Corte maloliente. Por cierto, que no sabemos si se remonta a esa época el aragonesismo de denominar «corte» al lugar donde se guardan los cerdos o se trata de un republicanismo posterior.

Supo Palafox de la marcha del Rey a Bayona. Y cuando Fernando VII se vio en manos del Corso le encargó nada menos que levantar en armas el reino de Aragón, en el que su familia gozaba de mucho respeto, para establecer una regencia a nombre de su tío el infante Antonio. Hizo más José Palafox: trató de liberar al Rey en Francia mediante un golpe de mano que falló por poco y del que escapo con vida de milagro. Huyó a pie y disfrazado desde Irún hasta Zaragoza, atravesando media Navarra que estaba ocupada ya por los franceses. Apenas llegado a la capital aragonesa se presentó ante el capitán general Guglielmi, dándole cuenta del encargo del Rey.

Guglielmi le dijo que ni hablar. Vio Palafox que su cabeza corría peligro y fingió retirarse a casa de su pariente, el conde de Sástago, donde empezó a organizar la resistencia. En menos de una semana estuvo todo listo y cuando Guglielmi se enteró y le mandó incorporarse a su destino en Madrid, Palafox se quedó en La Alfranca, cerca de Zaragoza, negándose a reconocer otra autoridad que la de su Rey,. Al atardecer, una partida de hombres armados rodeó su casa. Pensó Palafox en una trampa de Guglielmi, pero cuando se disponía a vender cara su vida, aquellos hombres prorrumpieron en vítores y dispararon al aire. Venían a buscarlo para encabezar la rebelión como jefe popular de una ciudad que estaba ya en pie de guerra.

Temiendo el desbordamiento y la barbarie, Palafox les dirigió la palabra, jurando defender al Rey y a España hasta la última gota de su sangre y les pidió que se retirasen a sus casas, lo que hicieron de inmediato. Pero al día siguiente, cuando las autoridades se negaron a aceptar las propuestas de Palafox, lo impusieron como capitán general del reino gracias al apoyo de los labradores del Arrabal, entre los que sobresalen Mariano Cerezo y el Tío Jorge (Jorge Ibor).. Palafox, que era brigadier, aceptó el mando pero no el grado de general hasta que el Rey fuera libre de ofrecérselo. Por si el gesto no bastara, vendió todos sus bienes para allegar recursos a la lucha y declaró formalmente la guerra a Napoleón en nombre del Rey. Aunque sea el alcalde de Móstoles el que haya quedado en la leyenda y el pueblo de Madrid el más temprano en el sacrificio fue realmente Palafox el primero que se puso al frente de la lucha con todo el reino de Aragón detrás. Esa fue la verdadera proclamación de la Guerra de la Independencia. Faltaba convertir a Zaragoza en una plaza fuerte capaz de resistir al Ejército de Napoleón.

Y ahí es donde se puso a prueba el genio militar y político de Palafox. En apenas 15 días envió cartas a todas las provincias españolas notificándoles la declaración de guerra y pidiéndoles que se sumaran a la lucha. Estableció la jurisdicción militar sobre cualquiera otra para cortar cualquier brote de anarquía, pero mandó que los tribunales ordinarios siguieran con sus trabajos en todo lo que no afectase a la guerra. Decretó la movilización de todos los hombres del reino de Aragón desde los 15 hasta los 40 años, aunque la afluencia de voluntarios hizo casi innecesario el decreto, porque sólo el primer día se apuntaron 10.000 en Zaragoza. Estableció una policía de orden público para evitar desmanes. Convocó a las Cortes de Aragón el 9 de junio de 1808, para que le sirvieran de consejo y reforzaran su legitimidad, como así sucedió. Se aseguró el respaldo entusiasta del clero, de la pequeña nobleza, de la burguesía comercial y, sobre todo, del pueblo llano, que vio con satisfacción cómo su flamante general vivía entre sus soldados, comía su mismo rancho y dormía en un camastro, cuando dormía.

Además de crear una estructura puramente militar para la defensa, dentro de lo que sus escasos medios materiales le permitieron y, apoyado en su segundo. Juan O´Neill, creó las unidades de caballería necesarias para poder irrumpir por sorpresa en las líneas enemigas dificultando el asedio.

La rapidez de Palafox en sus preparativos fue providencial porque en la primera semana de junio, el general Lefebvre se presentó ante la ciudad y cerró el cerco. Comenzó entonces uno de los episodios más sangrientos y heroicos de toda la Historia de España. Setenta días resistió Zaragoza. Y finalmente, Palafox, atacando por sorpresa a la artillería francesa, al tiempo que sus tropas los acosaban simultáneamente en todas sus posiciones, hizo huir a los sitiadores dejando tras de sí una inmensa cantidad de material, con el que Palafox preparó el segundo cerco. Este, dirigido por Lannes pero teledirigido por Napoleón, que se había presentado en España para vengar su fracaso en Zaragoza y Bailén, fue tan feroz como el primero.

Pero esta vez contaron los franceses con un aliado especial: la epidemia de peste que se extendió por la ciudad y que hizo estragos en los defensores. No obstante, Palafox se negó a capitular. Finalmente, él mismo cayó gravisimamente enfermo, teniendo que abandonar la dirección de la plaza. Muerto O´Neill, moribundo Palafox, con los muertos sin enterrar por las calles y con la ciudad destruida, el concejo municipal aceptó el 20 de noviembre de 1809 unas condiciones de rendición honrosas, que los franceses nunca cumplieron. Al entrar en Zaragoza fueron inmediatamente a casa de Palafox para que aceptara la rendición. A pesar de su lamentable estado se negó. Enviaron entonces su espada al emperador y a él lo arrastraron a la prisión de Vincennes, cerca de París, donde pasó casi cinco años, hasta la firma del Tratado de Valençay, y sin más compañías ni respetos que los de sus carceleros.

El año 1813 marca el apogeo y caída de Palafox. Tras volver a España con el Rey, le acompaña en una visita a Zaragoza. Una muchedumbre de viudas, mutilados y huérfanos reciben al monarca. La diferencia moral entre el pueblo y su Rey, que se arrastró en Bayona ante Napoleón, era todavía desconocida para la mayoría de los españoles. Sin embargo, los que buscaban la restauración del Antiguo Régimen y la abolición de la Constitución liberal de 1812 maniobraron para apartarlo de Fernando VII. Lo consiguen sin esfuerzo. El Rey Felón despide a Palafox, que marcha a su tierra como capitán general, de septiembre de 1814 a octubre de 1815, pero sin conseguir que se compense su desprendimiento económico. Hasta su muerte vivirá lleno de deudas.

Cuando en 1820 se levantan los liberales, Fernando llama a Palafox para proteger su vida y el marginado general, como siempre, obedece. Desde mayo de ese año pertenece al Ateneo español “Sociedad Patriótica y Literaria”. Cuando se restaura el poder absoluto de Fernando VII, Palafox volvió al ostracismo. A la muerte del Rey, pensó que su suerte mejoraría. Seis días después es detenido en su casa y acusado de conspiración por su participación en "La Isabelina" y es conducido a la cárcel como un malhechor. Cuando llegó el juicio, Palafox salió libre, sin cargo alguno, pero la humillación le duró siempre

A partir de 1823 vuelve a la vida privada de la que no saldrá hasta 1834. La reina María Cristina lo nombra prócer del reino y le concede el título de duque de Zaragoza el 17 de julio de 1834.

Fallece en Madrid en 1847.

Sus restos son trasladados a la cripta de la Basílica del Pilar de Zaragoza el 7 de junio de 1958, durante la conmemoración del 150 Aniversario de los Sitios deZaragoza.
Zaragoza y el General Palafox escribieron una página gloriosa en la historia de la Ciudad.

Los sitiadores dirigieron sus baterías contra las débiles tapias de tierra que servían de muralla a la ciudad, pero los defensores resistieron con determinación.

Cada tapia, cada casa, cada calle, era una fortaleza que había que destruir con bombas y minas antes de pasar adelante, y aun los mismos escombros servían de parapeto a los heroicos defensores. Los franceses, diezmados, cansados de aquella resistencia, que no habían encontrado en ningún campo de Europa, se vieron obligados a levantar el sitio, arrojando su artillería en el canal de Aragón, después de dos meses y medio de ataques furiosos.

Cuatro meses más tarde se presentaron de nuevo ante la ciudad, y este segundo sitio dio lugar a escenas horrorosas, que el genio de Goya inmortalizo en sus aguafuertes. Al fin, lograron penetrar en la ciudad. Su general envía a Palafox esta embajada: Paz y Capitulación. Pero a ello respondió Palafox: Guerra a muerte. Fue preciso seguir adelante, y entablar una batalla por cada paso que avanzaban. La lucha era desigual, los víveres faltaban entre los sitiados, el tifus hacia estragos espantosos en la ciudad.

El mariscal Lannes, jefe del ejercito sitiador, escribía a Napoleón: "Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestro enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha. Es preciso organizar un asalto por cada casa. El sitio de Zaragoza no se parece en nada a nuestras anteriores guerras. Es una guerra que horroriza. La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores ... ¡Que guerra!¡Que hombres! Un asedio en cada calle, una mina bajo cada casa. ¡Verse obligado a matar a tantos valientes, o mejor a tantos locos! Esto es terrible. La victoria da pena".

Fotos

1.- El General Palafox, pintado por Goya.
2.- Casa palaciega en “La Alfranca”.Zaragoza.
3.- Casa Palacio de Palafox en Zaragoza..
4.- Estatua de Palafox, mirando al Portillo, en Zaragoza (Plaza José María Forque)
5.- Tumba de Palafox en la Cripta de la Basílica del Pilar. Zaragoza.
6.- “Y no hai remedio”. Los Desastres de la Guerra”. Francisco de Goya

servido por joseacuenca 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Elena

Elena dijo

Muy bueno el resumen que de Palafox haces. Es un personaje controvertido,en otro país ya le habrían hechouna serie o al menos una pelícla (bueno,como a toda la guerra de la Independencia¡).
Me gusta el blog, tienes información muy interesante.. La broma de la"corte",te cuento que seguramente viene del latin curtis, que lo mismo sirve para corte que para aprisco...

9 Noviembre 2008 | 09:09 PM

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Sobre mí

José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario. Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental. Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos. Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años. Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S. Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos". En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año. Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ) Actualmente desarrolla su actividad profesional en Zaragoza desde 1983. ; El objetivo de este blog es la divulgación del conocimiento médico mediante comentarios y referencias dirigidos a los profesionales sanitarios y a aquéllas personas interesadas en los temas de salud y organización sanitaria. La información publicada en “Aragón y Medicina” nunca puede sustituir ni reemplazar la necesaria relación personal entre un paciente y su médico de confianza. No se atenderán casos clínicos particulares ni se dará información personalizada. Este blog no recopila datos personales de ningún tipo.
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