Credencial del peregrino y Compostela

El peregrino ha de estar debidamente acreditado para realizar el Camino. En las parroquias, obispados y asociaciones jacobeas entregan a los interesados el carné o credencial del peregrino donde constan los datos personales, la fecha y el lugar de inicio de la aventura y la modalidad elegida para realizar el trayecto. Siempre es aconsejable la presentación de una carta o documento que identifique o acredite al solicitante. El documento, una especie de pasaporte, es presentado en las parroquias, iglesias, monasterios y centros jacobeos para ser sellado y acreditar de esta manera haber pasado por ese punto del Camino. El carné admite un máximo de cuarenta sellos. Antiguamente los peregrinos portaban una caja de hojalata o estaño donde guardaban los documentos necesarios como los salvoconductos, pasaportes y carnés. Este carné tiene su origen en las cartas de presentación que desde los albores de la historia jacobea concedían los reyes, infantes, clérigos, papas y otras autoridades como documento de recomendación o salvoconducto a los que realizaban el Camino. La historia relata multitud de documentos en los que se concedía por mediación de dicha carta todo tipo de privilegios y gracias para que el portador y acompañantes obtuviesen protección y también la exención del pago de tributos (montazgos, portazgos, peajes, etc) cuyo montante podía dar lugar a ocasionar graves problemas a los peregrinos medievales. Una vez alcanzada la meta,














