Ramón de Pignatelli

Don Ramón de Pignatelli de Aragón y Moncayo nació el 18 de abril de 1784 en el barrio de la parroquia de San Gil Abad de Zaragoza, tercer hijo (segundo varón) del Excmo. Sr. Don Antonio Pignatelli Aragón Pimentel, Príncipe del Sacro Romano Imperio, conde de Fuentes y grande de España, y
Desde muy niño dio muestras de que se hallaba dotado de claro talento y natural generoso. A los diez años de edad se trasladó a Nápoles, y desde allí, pasó a Roma, en cuyo Colegio Clementino estudió Latín y Humanidades. Después se dedicó con verdadero afán a adquirir extensos y profundos conocimientos de Filosofía y más tarde de Física y Matemáticas, con los cuales tanto bien había de proporcionar, andando el tiempo, a Aragón.
Nueve años permaneció en Italia, al cabo de los cuales regresó a España, donde continuó sus estudios con afición tan grande como brillantes resultados, dedicando especialmente su atención ala Ciencias políticas, porque Pignatelli no comprendía la avaricia de poseer muchos conocimientos sólo por el placer de gozarse con su posesión, sino por aplicarlos a labrar la felicidad de los demás.
La inclinación le llevo más tarde a la carrera eclesiástica, en la cual ingresó, mereciendo que S.S. Benedicto XIV le confiriese una canonjía en
Ni las obligaciones que su nuevo estado le imponía, ni el gran caudal de conocimientos que en distintos ramos del saber poseía fueron parte a que hiciese alto en el camino del estudio, y así es que emprendió la carrera de Cánones, graduándose de Doctor en
Luego fue Rector de la misma Universidad por cuatro veces, en los años 1762, 1782 y 1783.
La fama de la ciencia de Pignatelli y su amor al engrandecimiento de Aragón traspasaron las fronteras de este antiguo reino llegando a Corte. El monarca le honró con la cruz de Carlos lll y lo eligió Regidor de
Pignatelli se encontró con que no tenía recursos para el sostenimiento de los acogidos, ni en el Hospicio había talleres, en los cuales los que en el benéfico establecimiento encontraban un remedio contra los rigores de la suerte pudieran aprender a ser útiles a sí mismos y a la sociedad, y lo qu
e más es sin edificio que respondiera al objeto. Y a los pocos años
¿Cómo se obró todo este cambio? Pues sencillamente. La claridad de ingenio del Regidor le hacía concebir varios planes, cuya ejecución llevaba a feliz término, venciendo con su inquebrantable entereza cuantos obstáculos se le presentaban, y logrando comunicar a los que le rodeaban aquella revolución que constituía como su nota característica.
Empezó por construir, por cuenta del Hospicio una plaza de toros, cuya primera piedra se colocó en el mes de junio de 1764, celebrándose en ella la primera corrida el día 8 de septiembre del mismo año.
Más adelante ideó la construcción de un edificio donde tuvieran cómodo albergue los muchos asilados que había, los no escasos que no podían ingresar por falta de local y los talleres nuevamente instalados. ¿Con que recursos contaba Pignatelli para llevar a feliz término la obra principiada? Con su inteligencia, la fuerza de su persuasión y su amor al desvalido.
Ello es que con la eficaz y generosa ayuda del Excelentísimo e ilustrísimo Sr. D. Agustín de Lezo y Palomeque, arzobispo de Zaragoza, y las dádivas de muchos caritativos aragoneses se levantó un soberbio edificio.
Este sólo hecho serviría para llenar de gloria a un hombre, y para que al nombrar a Pignatelli sintiera saltar de gozo el corazón de todo buen aragonés. Pero no concluyeron aquí los inmensos beneficios que nuestro país debe al hombre ilustre al que consagramos en estas líneas. El nombre de Don Ramón de Pignatelli está escrito en una extensión de tierra que recorre el camino entre Tudela y Zaragoza. Los corpulentos árboles, las frondosas vides, los frescos cáñamos, las áureas mazorcas de los panizares, todo cuanto llena este inmenso vergel recuerda a aquel ilustre patricio, porque a él debe el antes estéril erial convertirse gracias al Canal Imperial en fecunda vega.
Desde los tiempos del emperador Carlos l de España estaba iniciada
Diferentes tentativas se hicieron para continuar la citada Acequia bajo los reinados de Felipe ll, lV y V y Carlos lll, pero a vueltas de planos, memorias y opiniones de ingenieros, casi siempre discordes, Carlos lll nombró Protector de los canales Imperial y de Tauste a Don Ramón Pignatelli. Este gran hombre ideó engrandecer ambos, haciendo de
Decir los obstáculos que Pignatelli encontró a su paso, el tesón con que prosiguió su obra, el talento que empleo en su ejecución, las amarguras que sufrió, sería tarea imposible. Por fin el día 30 de noviembre de 1786 llegaron al puerto de Miraflores once barcos cargados.
Aquel hombre tan singular, que había trabajado catorce años con un afán que excede a toda ponderación, escribió su triunfo en una inscripción formada por solas cinco palabras, en una lápida de mármol negro que se conserva colocada en la fuente que existe en el barrio de Casablanca, punto a donde los incrédulos jamás pensaron ver llegar las aguas del Canal; inscripción que, por la sobriedad de sus palabras, no menos que por la energía de su concepto, revela a la par que la modestia del Protector el temple de su alma. Dice así: INCREDULORUM CONVICTIONI ET VIATORUM COMMODO, que traducida al castellano significa: Para convencimiento de los incrédulos y comodidad de los viajeros.
Tan grande como el triunfo de Pignatelli fue su modestia.
Parece que tan graves ocupaciones habían de absorber todo el tiempo y la atención toda de aquel hombre, más no fue asi; deseoso de promover los progresos morales de su país a la vez que los materiales fue el primero que ideó la constitución de
Los reyes le honraron, además de los empleos que hemos citado, con el de Sumiller de Cortina, el Ayuntamiento de Zaragoza dio el nombre de Pignatelli a una de sus calles,
Murió Piganetlli el día 30 de junio de

Imagen 1.- Plaza de Torosde la Misericordia. Zaragoza
Imagen 2.- Edificio Pignatelli. Sede del Gobierno de Aragón. Zaragoza
Imagen 3.- Monumento a Don Ramon de Pinatelli. Zaragoza










