Maria Moliner

Maria Moliner nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900 en el seno del matrimonio formado por Enrique Moliner Sanz, médico rural, y Matilde Ruiz Lanaja. Era un ambiente familiar acomodado (el abuelo paterno había ejercido también la medicina rural y los abuelos maternos poseían, al parecer tierras) en el que los tres hijos que superaron los entonces frágiles años de la infancia –Enrique, Maria y Matilde- cursaron estudios superiores. En 1902, según testimonio de la propia Maria Moliner, padres e hijos se trasladaron a Almazán (Soria). La familia residió en este pueblo soriano hasta que el cabeza de familia se trasladó a América como médico de barco. La familia, entonces, se desplazó a Madrid.
En la capital los pequeños Moliner estudiaron en
En 1922 ingresó, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos donde trabajó hasta su jubilación en 1970. Ejerció en Simancas, Valencia, Murcia y en
Estando destinada en el Archivo de
En Murcia nacerán sus dos hijos mayores (Enrique, médico, fallecido en octubre de 1999, y Fernando, arquitecto). Sus otros dos hijos (Carmen, filóloga, y Pedro, catedrático y director de
A principios de los años treinta., la familia se traslada a Valencia (Don Fernando a
Después de
Es de destacar su colaboración en
Prestó asimismo, su colaboración entusiasta a las Misiones Pedagógicas de
En esta etapa de su vida ocupó puestos importantes de responsabilidad en el terreno de la organización de las bibliotecas populares. En 1935, en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía presentó una comunicación con el titulo “Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España”.
En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de
La lucidez y capacidad organizativa de Maria Moliner van a quedar plasmadas en las directrices que redacta como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado.
Al término de la guerra civil tanto Maria como su marido sufren represalias políticas. Fernando Ramón y Ferrando es suspendido de empleo y sueldo, trasladado a Murcia (1944 – 46) y rehabilitado en Salamanca a partir de 1946, donde permanecerá hasta su jubilación en 1962.
Por su parte, Maria Moliner es depurada y sufre la pérdida de 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, aunque los recuperará en 1958. En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de
En esta nueva etapa de su vida, particularmente cuando se instala en Madrid, criados ya sus hijos y separada físicamente de su marido una buena parte de la semana, Maria Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras. Será entonces cuando comience, hacia 1950, el Diccionario de uso del español que publicará
La idea de hacer un diccionario de uso la obtuvo de la lectura de algunos diccionarios con los que había aprendido inglés. Quiso ofrecer “un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden y han llegado en el conocimiento de él a ese punto en el que el diccionario bilingüe puede y debe ser sustituido por un diccionario en el propio idioma que se aprende.
Tras la publicación del diccionario, su vida adquirió mayor relieve. Las revistas especializadas consideraron el diccionario como una pieza lexicográfica excepcional. Filólogos y lingüistas de renombre, como Emilio Lorenzo y Colin Smith, elogiaron el diccionario como un libro extraordinario en su género, radicalmente nuevo, de los que solo se dan una vez en el siglo. Fueron también numerosos los escritores que lo alabaron, como García Márquez. En 1972 fue propuesta como candidata a ocupar un sillón en
Maria Moliner representa, sin duda, todo un estilo de “ser mujer en el siglo XX”: pertenece al grupo de las pioneras universitarias que ejercen, además, una profesión. Claramente inteligente, y, al mismo tiempo, vigorosamente responsable y generosa para con los demás. Sencilla, espontánea en sus reacciones y elegante, al no ser elegida académica en 1972, Maria Moliner recibió su jubilación tan discretamente como había vivido, gozando con los pequeños detalles cotidianos.
Las notas tristes de sus últimos años fueron la muerte de su marido y su terrible enfermedad. Una arteriosclerosis cerebral le privó de su lucidez desde 1975 hasta su fallecimiento, el 22 de enero de 1981.











pepe muñoz dijo
Toño, muy interesante. He tenido la oportunidad de leer, que un ilustre aragonés D. Pedro Laín Entralgo, junto con Emilio Alarcos Llorach, fueron otros de los academicos que le habían propuesto como candidata a ocupar un sillón de la Real Academia Española.
27 Diciembre 2007 | 06:49 PM