La Coctelera

Aragón y Medicina

El blog de un médico amante de su tierra y de su profesión

6 Enero 2008

Francisco Pradilla Ortiz

El nacimiento del que luego sería un magnifico pintor, Francisco Pradilla Ortiz, tuvo lugar a las 6 de la mañana del día 24 de julio de 1848 en una humilde casa de la calle del Paso, núm. 42, en la localidad zaragozana de Villanueva de Gállego, muy próxima a la capital aragonesa y según consta en su partida de bautismo, recibió las aguas redentoras en el mismo día de su nacimiento en la iglesia parroquial de El Salvador de Villanueva de Gállego.

En 1859 se trasladó a Zaragoza –tras pasar sus primeros años de vida en su localidad natal y mostrar “aptitudes, nada comunes, para el dibujo y el estudio”- para cursar estudios en el Instituto de Bachillerato, donde aprobó en su totalidad el primer curso (1860 – 1861) y se matriculó en el segundo curso, que no llegaría a concluir, y aunque desconocemos las causas que indujeron al joven Francisco Pradilla, que en aquellos momentos no había cumplido los 13 años de edad, a abandonar sus estudios, podemos deducir fácilmente que tuvieron origen económico, tal como recoge Allué Salvador citando una carta de Pradilla a Gascón de Gotor: “Falto de todo apoyo y sin recursos tuve que dejar el Instituto para ser pintor de puertas”.

En este año 1861 o al comienzo del siguiente y debido a sus aptitudes para el dibujo, comenzó a trabajar como ayudante en el estudio-taller del escenógrafo y pintor zaragozano, Mariano Pescador, del que recibió una primera formación artística que completaría, entre 1861 y 1865, en la Escuela de Bellas Artes que tenía a su cargo la Real Academia de San Luis, ubicada en las dependencias del exconvento de religiosas dominicas de Santa Fé, donde recibió lecciones de los académicos y directores de Pintura, Eustasio de Medina, y de Escultura, Antonio Palao y del también pintor Bernardino Montañés.

Y con estos maestros el joven Pradilla, en esta primera formación artística, encontrará las influencias que determinaron su obra pues, pictóricamente, mantiene a lo largo de toda su vida las características de la que podemos llamar Escuela Aragonesa de Pintura que se manifiestan, sobre todo, por la tendencia al bocetismo, la ejecución con pinceladas cortas y rápidas y la aplicación de generosas cantidades de pintura.

Tras un breve viaje a Madrid en 1864, que conocemos por una carta conservada en el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego, en los primeros meses de 1866 abandonará Pradilla la ciudad de Zaragoza para trasladarse a Madrid con objeto de completar su formación académica en la capital del Reino y buscar fortuna, alojándose en casa de su tío Simón Pradilla, en la calle de Leganitos, número 35, bajo.

Apoyado posiblemente por Pescador, encontrará su primer trabajo como ayudante en el taller de los escenógrafos y pintores decoradores Augusto Ferri y Jorge Bussato, y con el apoyo de su paisano el escultor Ponciano Ponzano preparó su ingreso en la Escuela Superior de Pintura y Escultura, donde aparece matriculado en el curso académico 1868-1869. También debió asistir al estudio de Federico de Madrazo y a las clases nocturnas de la Agrupación de Acuarelistas que en 1869 organizaron Casado del Alisal y Martínez de Espinosa.

La actividad de Pradilla no encontraba descanso y nos consta que desde el mismo año de su llegada a Madrid, en 1866, se convirtió en un asiduo visitante del Museo Nacional de Pintura y Escultura (Prado), donde pudo copiar numerosas pinturas de sus fondos de los más importantes maestros como Tiziano, Ribera, el Greco, Goya y Velázquez.

Será a partir de 1871 cuando comience a viajar a Galicia, tomando contacto con estas tierras que le supondrían una fuerte impresión, tanto por sus verdes paisajes, tan extraños para él, como por sus aspectos costumbristas que se mantenían intactos debido a su secular aislamiento y así los temas gallegos se convertirán en una constante que mantendrá el aragonés a lo largo de su dilatada vida.

Posiblemente fue en uno de estos primeros viajes cuando conocería en Vigo a Doña Dolores González del Villar, hija del piloto mayor del puerto de Vigo, con la que contraería matrimonio en 1878.

En estos años comenzará a colaborar con algunas revistas ilustradas como “La Ilustración” de Madrid en 1870 y 1871 y “La Ilustración Española y Americana” desde 1872 y a lo largo de 1873 y 1874, ilustrando los acontecimientos de actualidad y los artículos de fondo que contenían las citadas revistas, donde publicará numerosas escenas de Galicia y también algunas de tema aragonés y madrileño.

Interesante es un retrato literario que del artista, haciendo referencia a esta época, nos hace su amigo Gómez Latorre cuando fallece en 1921: “Era Pradilla de carácter serio, reconcentrado, muy estudioso, con cultura extensa y profunda y un tremendo aficionado a la buena música: yo también lo era por aquella época y juntos íbamos a menudo al paraíso del Real, cuando costaba una modesta pesetilla y a los conciertos de Barbieri y Gaztambide… Pasaron los años; aquel muchacho despreciado o poco menos por sus condiscípulos llegó al pináculo del Arte, tras años de lucha titánica y a fuerza de talento y voluntad…”.

Fundada por Decreto de 5 de agosto de 1873 la Academia Española de Bellas Artes en Roma, de la que fue nombrado director el pintor Eduardo Rosales y a su renuncia, poco después, el también prestigioso pintor José Casado del Alisal, pronto fueron convocadas las primeras plazas de pensionado, que se dividían en dos categorías: de número, para artistas en formación, y de mérito para ya consagrados. Firmada la instancia por su tío Simón, pues Francisco se encontraba en Galicia, tras pasar las correspondientes pruebas, el joven pintor aragonés, que en aquellos años contaba 25 años de edad, alcanzaba una de las plazas de pensionado de número por la pintura de historia.

Obtenido su nombramiento como pensionado el día 27 de febrero de 1874, para un periodo de tres años de estancia en Roma, pocos días más tarde, el 20 de marzo, ganaba con su dibujo “la ribera de Vigo” el concurso convocado por “La Ilustración Española y Americana”.

Poco después de llegar a Roma, tomaba posesión Pradilla el día 1 de abril de 1874 de su pensionado en la Academia, conviviendo entre otros españoles, con Alejandro Ferrant y Casto Plasencia, como él, pensionados por la pintura de historia: el primero, de merito y Plasencia, de número. Todos ellos, según los informes enviados trimestralmente por el Director de la Academia, se ocupaban en Roma de visitar la ciudad, sus museos, ruinas e iglesias, tomando apuntes y asistiendo por la noche a clase de acuarela.

Las primeras salidas de Pradilla de Roma tendrán lugar en el verano de ese mismo año 1874, visitando Nápoles, Capri y el Lago de Trasimeno.

A su regreso, en los primeros días de octubre, se dedicará a preparar su trabajo del primer año de pensionado, la copia de la “Disputa del Santísimo Sacramento”, de Rafael, que realizará en colaboración con Alejandro Ferrant y hoy se encuentra en el Ministerios de Asuntos Exteriores, en Madrid. También llevará a cabo distintos dibujos que servirán para ilustrar las noticias italianas publicadas por “La Ilustración Española y Americana”, como el fallecimiento del pintor Fortuna que tuvo lugar el día 21 de noviembre del mismo año.

A lo largo de los dos siguientes años, segundo y tercero de pensionado, viajó Pradilla a Paris, Venecia, Munich y otras ciudades del sur de Alemania. Como trabajo del segundo año de pensionado pintó Pradilla “El naufrago” o “Naufragio” (Ayuntamiento de Madrid) y poco después empezó a trabajar en el cuadro correspondiente al tercer año de pensionado, “Doña Juana la Loca”, que desarrolló a lo largo de la primera mitad de 1877, poco antes de que el día 1 de julio concluyeran sus tres años de pensionado.

Este lienzo le proporcionaría el primer gran éxito de su vida, pues enviado a Madrid, junto a las obras de los otros pensionados, sería presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, celebrada en Madrid.

Con esta pintura alcanzó, el todavía joven pintor, la primera Medalla de Honor que se concedía en estos certámenes, recibiendo por esta obra importantes reconocimientos en distintas exposiciones, como en la Universal de Paris celebrada el mismo año 1878.

Adquirido el cuadro de Doña Juana por el Estado Español, a propuesta del Ministerio de Fomento, en la actualidad se conserva en el Museo Nacional del Prado, estando expuesto en la zona ampliada, recientemente inaugurada.

Casado el 29 de enero de 1878 con Doña Dolores González del Villar en la iglesia parroquial de Santiago, en la ciudad de Lugo y triunfador en los más importantes certámenes artísticos celebrados en ese mismo año en Madrid y Paris, regresó Pradilla a Roma, junto con su esposa, que se encontraba embarazada de su primer hijo, fijando en esta ciudad su residencia.

Poco tiempo después, el Ayuntamiento de Zaragoza le encargaba dos lienzos, de tamaño natural, con los retratos de los reyes Alfonso I el Batallador y Alfonso V el Magnánimo, y la Real Academia de Bellas Artes de San Luís le nombraba Académico correspondiente el día 19 de febrero de 1880.

Sin embargo, la obra que le consagrará artísticamente será el encargo que le hizo el marqués de Barzanallana, Presidente del Senado: la ejecución de un lienzo, de grandes dimensiones con “La rendición de Granada”. Para su ejecución, regresó Pradilla a España en el mes de junio de 1879 y después de una estancia en Madrid, marchó a Granada, donde llevaría a cabo apuntes para esta composición histórica y comenzará también sus primeros estudios para otra de sus grandes pinturas, el conocido suspiro del moro, tal como nos consta en la obra definitiva por la inscripción: “Granada 1879 – Roma, 1892”.

De regreso a Roma, y dispuesto a ejecutar la obra encargada para el Senado, un breve paréntesis en su trabajo debió significar la corta dirección de Pradilla en la Academia de Bellas Artes de Roma, entre septiembre de 1881 y abril de 1882, en sustitución de Casado del Alisal, puesto al que renunció para dedicarse solamente al ejercicio de la pintura.

Enviado el cuadro de La rendición de Granada a Madrid, fue expuesto en el Senado, alcanzado un gran éxito, por lo que el Gobierno le concedió como reconocimiento la Gran Cruz de Isabel la Católica; la ciudad de Zaragoza y todas sus instituciones se congratulaban del éxito alcanzado por Pradilla y la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, felicitaba al artista y le nombraba Académico de Honor. Lo que le comunicaba en carta fechada el 10 de julio de 1882.

Consolidada su fama se dedicará a ejecutar su obra, de una manera libre e independientemente, pero vinculado siempre a la Academia Española de Bellas Artes que fue regida entre 1882 y 1891 por el insigne pintor Vicente Palmaroli y a la colonia de pintores en Roma que en 1885 era muy importante.

Por lo que corresponde a su intensa actividad pictórica recordaremos que en 1886 aparecen firmadas algunas de las composiciones para los techos del nuevo Palacio de los marqueses de Linares en Madrid.

Sin embargo, este artista trabajador y constante, sufrirá por estos años, hacía 1885 – 1886, un importante revés económico por la quiebra de una entidad bancaria donde el pintor tenía depositados sus ahorros.

Este doloroso episodio dejará honda huella en su personalidad, haciéndole caer en un profundo pesimismo que le hizo sentir un verdadero despegue de España y un rechazo a volver a su país, siendo el trabajo y su familia el apoyo del pintor, cayendo en una profunda crisis a la muerte de su hija pequeña, Isabel, en 1886, cuando la niña contaba sólo con tres años de edad. De estas fechas, 1887, se conserva un interesante Autorretrato en el Museo de Zaragoza.

En los primeros años de 1888 regresó a España pues su mujer se encontraba embarazada y querían que el nacimiento del nuevo vástago tuviera lugar en Galicia, como así ocurrió, naciendo en Vigo. A partir de entonces es cuando Pradilla recobra plenamente su salud física y anímica.

Artista reconocido, su relación con su tierra natal era prácticamente inexistente y cuando durante algunos de sus viajes hacia Roma se detenía algunas horas en Zaragoza, donde viviera sus años de juventud, la prensa local publicaba en sus gacetillas los triunfos del que consideraban “gloria zaragozana”. Sin embargo, los encargos oficiales no llegaban y se dio la curiosa circunstancia que cuando el Casino Principal decidió pintar un techo en su palacio de la calle del Coso, representando una Alegoría de Zaragoza, encargaron la obra a Alejandro Ferrant, quien la llevará a cabo en 1889. Curiosamente, el artista que no recibió el encargo, con lo que esto significa de “honor”, será en él pintado.

Durante unos años Pradilla prolongó su estancia en Roma, viviendo por las lagunas Pontinas, comarca cercana a Roma que le impresionó y plasmó en numerosas obras.

Al fallecimiento del director del Museo Nacional de Pintura y Escultura (Prado), el pintor Vicente Palmaroli, Pradilla fue nombrado director el 3 de febrero del mismo año 1896. Tras este nombramiento, el aragonés deberá regresar a España, dilatándose este regreso, por enfermedades y otros motivos vinculados a la necesidad de levantar el estudio y la vivienda romana, hasta enero de 1897.

Diversos avatares le llevaron a presentar su dimisión, sucediéndole el pintor asturiano Luis Alvarez Catalá. Después de esto se traslada a Galicia realizando diversas obras con temas gallegos.

Su aislamiento en Madrid se irá haciendo poco a poco más consciente, sin mostrar en exceso sus obras ni formar discípulos, dedicándose por entero a su pintura.

Importante fue la intervención de Pradilla en la declaración como Monumento Nacional del templo de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, pues a ruegos de Gascón de Gotor escribió una carta para ser leída en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando cuando se trataba del informe sobre el templo zaragozano. El día 5 de mayo de 1904 y con la ayuda de Don Segismundo Moret, era declarado Monumento Nacional.

Desde 1904 se trasladará en distintas ocasiones a Alhama de Aragón (Zaragoza) donde indudablemente recibirá el beneficio de los baños en sus conocidos balnearios y desde allí realizará varias visitas al cercano Monasterio de Piedra, y en aquel lugar paradisíaco, ya utilizado en aquellos días como hotel y lugar de descanso, tomará apuntes a la acuarela y al óleo y ejecutará bellos paisajes en los que enmarcará algunas de sus más hermosas pinturas mitológicas.

Desde 1906, llevará a cabo nuevamente un tema histórico “Doña Juana la loca recluida en Tordesillas”, del que hará varias versiones hasta 1912 y concluirá en 1910 su composición “Cortejo del bautizo del príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos por las calles de Sevilla”.

La vida de Pradilla por estos años discurría en su chalet neo-árabe de la calle de Quintana y en su estudio adosado a la vivienda. Allí trabajaba y pasaba largas horas pintando y leyendo, pues su estudio se había convertido prácticamente en su mundo, que procuraba defender de toda influencia externa.

Hacia 1912 comienza a interesarse por los temas madrileños, que desarrollará a lo largo de la década y serán fuente de inspiración para numerosas obras, tanto paisajes como escenas costumbristas de verbenas, carnavales, procesiones o lavanderas del Manzanares, sin olvidar nunca las lagunas Pontinas y Galicia, temas que recreará constantemente.

En sus últimos años fue perdiendo todo contacto con el exterior, reconcentrándose cada vez más en su arte y a partir de 1918, cuando la enfermedad que le aquejaba desde mediados del año 1917 iba minando poco a poco su salud, llevo a cabo lo que podemos llamar su última serie de obras, “las manolas en la calle de Alcalá”, trabajando sin descanso en su estudio.

Tras los últimos meses de vida con penosos sufrimientos, fallecía Pradilla, en su casa del Paseo de Rosales, rodeado de su familia, a las 2 de la tarde del día de Todos los Santos, 1 de diciembre de 1921.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

francisco meis

francisco meis dijo

Me ha parecido un trabajo excente sobre la vida de Pradilla, por otra parte, yo que soy gallego desconocía su vinculación con nuestra tierra. He aprendido mucho. Muchas gracias por tu trabajo y esfuerzo para con todos nosotros. Gracias

19 Octubre 2010 | 12:45 AM

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José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario. Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental. Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos. Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años. Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S. Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos" en el barrio homónimo de esa ciudad castellana. En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año. Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ) Actualmente desarrolla su actividad profesional en Zaragoza desde 1983.

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