Baltasar Gracián
La vida de Gracián ocupa la primera parte del siglo XVII español (1601-1658), época en la que se encuentra en auge nuestro Barroco y que se ha dado en llamar, por los historiadores de la cultura, nuestro “Siglo de Oro” en el arte y la literatura. Edad de Oro en las artes, pero ya no en la política, pues en vida de Gracián comienza a desintegrarse el poder que España ha mantenido en Europa y los conflictos internos de la sociedad española son, cada vez, más abundantes. No es, pues, extraño, que la obra de Gracián se resienta de esta situación y el pesimismo profundo de sus escritos refleje, en cierto modo, la situación de su país, cuya progresiva decadencia es patente. A diferencia de otros grandes escritores de la época, Gracián pasa por su vida –con la excepción de una estancia infantil en la ciudad de Toledo- en el marco del antiguo reino de Aragón. Es significativo que, sin salir de este ámbito geográfico, su obra pueda erigirse en un monumento de la sabiduría europea universal, dando cumplida muestra de cómo la limitación geográfica no implica nunca provincialismo de ánimo. Un rasgo de universalidad que han cumplido muchos significados aragoneses y que, en el caso de Gracián, no sólo se muestra en sus escritos, sino en la amplia influencia que su obra ejerció en Europa y que siempre debe ser motivo de cuidada reflexión. Nace Baltasar Gracián y Morales en Belmonte de Calatayud (Zaragoza) en 1601. Su familia es aragonesa por parte de padre (médico de Sariñena) y madre (natural de Calatayud). Tras sus primeros estudios (todo indica que estudió letras desde los diez o doce años en su ciudad natal, quizá en el colegio de jesuitas de Calatayud) y una breve estancia con su tío Antonio Gracián en Toledo, ingresa en 1619 en el noviciado de la provincia jesuítica de Aragón, que tiene en Tarragona la Compañía de Jesús. Gracián será jesuita hasta el final de su vida, viviendo –con una c
orta excepción en Madrid- en los límites de la provincia jesuítica de Aragón, que incluía el territorio que hoy forman Cataluña, Valencia y Aragón. Su época de estudios eclesiásticos incluye el paso por Calatayud (donde estudia Filosofía) y Zaragoza (para cursar Teología). Ordenado sacerdote en 1627, será profesor de Gramática y Humanidades (Calatayud, 1630), profesor de Teología Moral (Lérida, 1631) y Filosofía (Gandía, 1633). En 1636 es destinado , como predicador, a Huesca, donde traba amistad con Vincenzio de Lastanosa, gran erudito, cuya amistad mantiene toda su vida y que será el editor de muchas de sus más importantes obras, al tiempo que en confidente y contertulio de muchas de sus ideas y proyectos. Huesca y la casa de Lastanosa tienen una importancia fundamental en toda la vida literaria de Gracián. Será en 1636 cuando publique su primera obra, El Héroe, editada bajo pseudónimo. Al poco es destinado a Zaragoza y realiza determinadas misiones con el antiguo virrey de Aragón, don Francisco María Carrafa, Duque de Nocera, ahora en desgracia ante la corte madrileña. Visita, con motivo de su misión, la corte de Madrid, ciudad en la que predica con gran éxito y en la que publica su más clara obra de corte político: El Político. En 1642 es nombrado vicerrector en el colegio de Tarragona y en 1644 marcha a Valencia, donde mantiene relaciones muy conflictivas con los jesuitas valencianos, que obligarán a sus superiores a trasladarlo de nuevo a Huesca. Tras una brillante actuación como capellán del marqués de Leganés en la batalla de Lérida de 1646, es destinado al colegio jesuita de Zaragoza. Poco antes de ser enviado a Zaragoza, ve la luz la edición completa de su más importante tratado de retórica, Agudeza y Arte de ingenio, que fue parcialmente publicado en Madrid en 1642. En l capital aragonesa vive desde 1649, como profesor de Escritura y se reconoce su valía. Sin embargo, la publicación de El Criticón, -también editado con pseudónimo, sin el permiso eclesiástico-, desencadena una campaña de represiones y castigos contra Gracián, que son incluso propuestos por el General de los Jesuitas, en Roma. Poco antes, en 1655, Gracián había publicado El Comulgatorio, única firmada con su nombre, de carácter esencialmente religioso, en la que defiende su actitud y se reconoce como ferviente y sincero jesuita, frente a la campaña de detracción que estba sufriendo durante años. Sus superiores jesuitas, tras haberle reprendido públicamente por su comportamiento, le trasladan, como castigo a Graus (Huesca) en 1657, desposeyéndole de su cátedra de Zaragoza. En 1659 muere en el colegio jesuita de Tarazona. La vida de Gracián distó mucho de ser monótona en cuanto a variedad geográfica y de ser pacífica por la ausencia de incidentes. Se han escrito muchas páginas interpretando la relación de Gracián con los jesuitas, su sinceridad como cristiano, el carácter de su orgullo y la tozudez en publicar sin pausa -siempre ayudado económicamente por Lastanosa-, obras que no contaban con los permisos necesarios. Todos ellos son datos importantes y sujetos a interpretación. Basta con resaltar que la vida de Gracián transcurre en los ámbitos del antiguo reino de Aragón, que las ciudades aragonesas de Calatayud, Huesca, Zaragoza, Graus, Tarazona, son los centros de su propia actividad, y que, en definitiva, Gracián siempre hizo aquello que creía debía hacer, sin importarle los condicionamientos de una moral o de unos compromisos que no consideraba vinculantes. Todo ello parece testimonio de una reciedumbre de carácter que se ha dado en llamar –con la fuerza del tópico- aragonés. Quizás gracias a este carácter podemos hoy, a pesar de todo, leer las obras de Baltasar Gracián.
Su Obra: Vista en conjunto la producción de este aragonés, se puede observar una estrecha relación con su biografia. Desde el juvenil entusiasmo por el triunfo y la gloria del hombre ejemplar, configurado en El Heroe, se llegará al desengaño de la vejez y la muerte en los últimos capitulos de El Criticón. Así se presenta como escritor en 1637 en el prologo “Al lector” de El Heróe: ¡Qué singular te deseo! Emprendo formar con un libro enano un varón gigante y, con breves periodos, inmortales hechos. Sacar un varón máximo; esto es perfección (…) Dos tratados más continuarían esta línea de delinear el hombre perfecto: El Político, que extrae tales cualidades del rey Fernando el Católico, y El Discreto, un manual de conducta para el hombre en sociedad, sea cual sea su posición en ella. Por otro lado, Gracián dedicó grandes esfuerzos a elaborar un tratado de estética literaria barroca: La Agudeza y arte de ingenio, que refunde una versión anterior titulada Arte de ingenio, tratado de la agudeza. Allí teoriza sobre el “concepto” y propone una nueva retórica basada en la praxis barroca que se distancia, en parte, de la tradición aristotélica de la Poética, pues su análisis esta fundamentado en textos, que a su vez ejemplifican una clasificación de los distintos tipos de agudeza de su propia invención. Toda la obra de Gracián, ocupada siempre de su aplicación práctica a la vida del hombre, tiene por objeto la Filosofía moral. Las ideas acumuladas en tratados anteriores sobre el modo de conducirse en el mundo son sintetizadas y reunidas en el libro más lacónico y sentencioso de su producción, el Oráculo manual y arte de la prudencia. Con él culmina el proyecto de “manuales del vivir” para la persona cabal, y en él también se subsumen, probablemente libros proyectados –en El Discreto se habla de los “doce gracianes”, que se titularían “El Atento”, “El Galante”- que no llegaron a ver la luz. Fue admirado por moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII, y en el XIX por Schopenhauer, quien recibió la influencia del pensamiento graciano y tradujo al alemán el Oráculo manual y arte de prudencia. Esta versión, muy fiel al espíritu aragonés, fue conocida por Nietsche, que dijo en una de sus cartas: “Europa no ha producido nada más fino ni mas complicado en materia de sutileza moral”. Gracias a ellos la obra del filósofo español fue objeto de estudio en la universidad alemana. Solo le quedaba ensayar la fabulación. Poner todo su trabajo de investigación retórica al servicio de una novela, que fuera a la vez tratado de filosofía moral, bajo el género que él mismo denominó “agudeza compuesta fingida”, lo que viene a significar “alegoría novelada”. Se concretó en las tres partes de El Criticón, que recorre todo el ciclo de la vida de un hombre, que debe, además, vencer a las circunstancias del mundo en crisis de la sociedad del barroco. El último libro que publicaría, quizá por hacer una concesión a los oficios propios de la orden jesuita, que no veía con buenos ojos su abordar la lucha por la vida siempre al margen de auxilio cristiano, fue El Comulgatorio. Es el único que publicó con su autentico nombre y cumplió con la preceptiva revisión por parte de los censores de su orden. Sin embargo, tras la aparición en 1657 de la tercera parte de El Criticón –de nuevo sin consentimiento de la Compañía y con su conocido pseudónimo de Lorenzo Gracián-. El aragonés fue confinado a una celda y castigado a ayuno riguroso. Los tintes pesimistas que destila El Criticón corren parejas con su última peripecia vital. 
Escultura del bilbilitano Luis Moreno Cutando dedicada a Baltasar Gracián y ubicada en la puerta trasera de la UNED de Calatayud (Plaza del Fuerte)
Casa natal de Baltasar Gracián en Belmonte de Calatayud











cbvcnb dijo
may......jajajja¡¡¡¡¡
18 Junio 2008 | 01:25 AM