Con gran solemnidad se conmemoró ayerla enorme gesta ocurrida doscientos años atrás en la ciudad de Zaragoza, la batalla del 4 de agosto.
El 4 de agosto será recordado como el principio del fin de Primer Sitio a la Ciudad por las tropas napoleónicas. Desde mediados de junio, con otro hecho histórico importantísimo, la batalla de las Eras, Zaragoza se encontraba sitiada por notable número de tropas francesas. Napoleón necesitaba tomar una ciudad importante en el Norte de España y Zaragoza fue la elegida. Ciudad abierta, con escasas defensas yuna casi inexistente guarnición preconizaba una victoria rápida. El emperador pensaba conseguirla en cuestión de días. Unas semanas más tarde se convirtió en una retirada. Después, reforzados por gran número de efectivos, se iniciaría el Segundo Sitio a la ciudad, mucho más brutal e inmisericorde, por parte de los franceses y una defensa heroica e insensata por parte de los zaragozanos que duró meses. Finalmente el tifus, la hambruna y la persistencia del ejército francés doblegaron a la Ciudad que capituló el 20 de febrero de 1809.
Paisanos con traje de época concentrándose en la Plaza de Aragón, frente al edificio de la antigua Capitanía.
Diferentes grupos de recreación histórica dieron realce a un día caluroso en el clima y en el ánimo de los cientos de personas que se reunieron ante tan importante serie de actos. El 4 de agosto ocupa un lugar fundamental en la Historia, en el corazón de los zaragozanos yen el calendario de Zaragoza, de Aragón y de España.
Paisano armado con fusil
El Excelentísimo Ayuntamiento de la Ciudad, La Asociación Los Sitios de Zaragoza, la Asociación Histórico Cultural Voluntarios de Aragón, la Asociación Histórico Cultural Artilleros de Aragón, la Asociación Cultural “Royo del Rabal”, la Asociación Universitaria “Somerondón” y otras asociaciones y particulares colaboraron en el recuerdo de un día glorioso y de los ese día cayeron. Nada ni nadie fue igual a partir de esa fecha. Zaragoza junto con los acontecimientos que surgirían en los meses siguientes se convirtió en referencia obligada en la historia universal, al igual que lo fue Numancia. Ilustres militares y políticos posteriores la citan en sus escritos como referencia obligada al valor y a la creencia en unos ideales.
Los voluntarios de Aragón desfilando por el Paseo de la Independencia
Concentración en la Plaza de Aragón, Desfile por el Paseo de la Independencia, Reunión en la Plaza de España frente a la Diputación Provincial, lugar donde se encontraba el destruido convento de San Francisco y el Hospital General Nuestra Señora de Gracia, el Monumento a los Mártires, lugar donde se encontraba situada la “Cruz del Coso”, en honor a los Santos Mártires, bombardeada por los cañones franceses. Allí se depositó una corona de laurel y se dispararon salvas de fusil y artillería y en la calle 4 de agosto, en el popular “Tubo zaragozano”, una salva de honor dio fin a los actos institucionales programados, seguida de los tradicionales gritos: ¡Viva la Virgen del Pilar!, ¡Viva Zaragoza!, ¡Viva Aragón! y ¡Viva España!.
Cartel indicando la calle del cuatro de agosto, justo a su salida con la calle Alfonso I
Faustino Casamayor narra los hechos de la siguiente manera: “Inflamados los paisanos, no obstante la dominación que ya tenían en el Coso, realizaron las acciones más brillantes y darán lustre y más honor a Zaragoza, las ejecutadas por los dichos paisanos de la plaza de la Magdalena, y los de la calle del Carmen, fueron famosas, pues los primeros al ver los franceses llegar hasta aquella plaza y que venían formados tacando a degüello, más quisieron morir gloriosamente peleando, que ser pábulo de su furor defendiendo la patria, acometiendo contra ellos con tanto tesón que matando a muchos o hiriendo a otros, los hicieron retrocederdesde dicha plaza, infundiéndoles un gran pánico, como ellos mismos lo confesaron; habiéndoles salido al encuentro desde la misma calle de Palomar, y no muchos, sino muy pocos , aunque de los más esforzados paisanos de la patria (…)”.
“Lo mismo hicieron los otros defensores de la calle del Carmen, junto al convento de Santa Fe, que despreciando las balas y el fuego, no les permitieron pasar de aquellas inmediaciones, matando tanto francés que solo en una hoguera quemaron más de 24 cadáveres, siendo gloria singular de Zaragoza, no haberse hallado en ninguna de estas acciones inauditas, sino muy pocos oficiales y soldados; siendo casi todos los verdaderos defensores, zaragozanos”.
“-Dice Grandmaison- Habíase abierto brecha en la ciudad, y después de esta invasión el general Verdier tenía por segura la conquista; escribió una sola palabra: capitulación. Fechó este bélico billete en el mismo convento de Santa Engracia; esto era a la vez condensar su propósito y testificar su presencia. A través de las barricadas fue llevado el documento a los españoles. Palafox escribió abajo: Guerra y cuchillo. Se repetía el caso del desfiladero de las Termópilas.
Concentración a los pies del monumento a los Mártires en la Plaza de España. Muy cerca de su emplazamiento se localizaba la Cruz del Coso.
Verdier hizó con la mano la triste señal del avance, y los batallones del 14 º de línea, llegados la víspera después de atravesar la Europa, se abalanzaron. La gran vía de Zaragoza, el Coso, que divide la ciudad en dos, exactamente paralela al Ebro, era el punto que se trataba de ganar. A él llegamos después de varias horas de lucha bajo una lluvia de balas, tejas, tiestos baldosas y ladrillos. Ya en el Coso, en donde creímos que todo estaría ganado, todo estaba por hacer (…). Cuando los vigías de la Torre Nueva dieron el aviso de la llegada de los franceses al centro mismo de la ciudad, el pánico se apoderó del pueblo, un movimiento instintivo impelió la muchedumbre hacia el Ebro; las mujeres corrían con sus hijos en brazos. Un oficial. Luciano de Tornos, se puso a la entrada del puente, algunos frailes le ayudaron a girar un cañón sobre su cureña y con él amenazó a los fugitivos; los asustadizos se reanimaron, porque ante un peligro más inmediato la muchedumbre tuvo que volver sobre sus pasos (…). Así también, para expiar su desbandada, estas gentes se lanzan a la refriega con un desesperado furor, se arrojan los hombres, se encarnizan y hieren, las mujeres incitan, maldicen y vociferan, los niños cogen con violencia los cadáveres franceses y los arrastran con desprecio hasta las aguas del río. Poníase el sol y sus rayos al rozar la tierra daban tintes de sangre a aquelos maltratados despojos. Verdier se detuvo. Aquella lucha causaba en su corazón de soldado una angustia inaudita. Estaba cansado, una bala acababa de alcanzarle; refirmado contra una pared, oía los relatos: no habíamos salido con menos de 300 muertos, y era bien puesto en razón calcular un triple de heridos; entre ellos los generales Lefebvre-Desnouettes y Bazancourt. De una y otra parte quedamos a la expectativa y resguardados tras las barricadas”.
Combate durante Los Sitios de Zaragoza. 1808
Este es uno de los ejemplos que se puede mencionar. Todos ellos relatan lo cruel del combate cuerpo a cuerpo. Un ejército regular que se había paseado por toda Europa era obligado a retirarse por unos cuantos soldados y una multitud de paisanos que trataban de defender su ciudad y sureligión.
Esta pieza de artillería es un avancarga de grueso calibre y 80 mm de diámetro que usa pólvora negra como munición. Réplica exacta de los usados en la época.
José Antonio Cuenca Campillo nace en Zaragoza en 1956. Hijo de un ferroviario y de una enfermera sus primeros años transcurren en el barrio rural de Casetas, distante 14 kms de Zaragoza, a donde llega por el destino de su padre a ese importante nudo ferroviario.
Inicia sus estudios en el Colegio de San Miguel de esa localidad hasta completar su Bachillerato Elemental.
Para poder llevar a cabo sus estudios de Bachillerato Superior en el Instituto "Goya", se traslada a Zaragoza, instalándose en el domicilio de sus abuelos paternos.
Ya con toda la familia en Zaragoza, inicia sus estudios de Medicina en 1973, finalizandolos en 1979, a los 23 años.
Durante los años de carrera es nombrado alumno interno de Patología Qururgica "B" (Traumatología), asiste como voluntario al Servicio de Urgencias del Hospital MAZ de Zaragoza y trabaja en el Hospital Miguel Servet como A.T.S.
Finalizada la carrera de Medicina se hace cargo, de forma interina, de una plaza de Sanidad en el Distrito V de Valladolid. pasando consulta de Medicina General en el consultorio de "Los Pajarillos".
En 1980, siguiendo el consejo de un buen amigo, oposita a Sanidad Militar, ingresando en dicho cuerpo ese mismo año.
Colabora y forma parte de la Organizacion No Gubernamental "MEDICUS MUNDI ARAGÓN". Es socio de UNICEF España y es miembro de la Asociación Cultural "Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza" de la que forma parte desde 1993, año en el que realizó el "Camino" a pie. con su familia, desde el Somport (Huesca) hasta Santiago de Compostela. Forma parte tambien de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza (AGRALUZ)
Actualmente desarrolla su actividad profesional en Zaragoza desde 1983.
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