A Zaragoza o al charco
Expresión irónica con la que se da a conocer la terquedad, cabezonería o tozudez de uno.
Aún corre la anécdota a la que hace referencia esta frase hecha. Se cuenta que un aragonés (cuya terquedad es tópica y proverbial) se encaminó desde su pueblo a Zaragoza. Cruzóse con un maño amigo suyo y le declaró que, efectivamente, iba a Zaragoza. “Si Dios quieres”, replicó su amigo. “Iré a Zaragoza, quiera Dios o no lo quiera”, dijo el aldeano. Ante tamaña irreverencia, Dios se le presentó en el camino y le preguntó: “¿Adónde vas?” “A Zaragoza”, contestó el baturro. “ “Será si Yo quiero” “Aunque Tu no quieras, iré yo a Zaragoza” afirmó el maño testarudo. Para castigarlo Dios lo convirtió en rana y lo dejó en un charco durante algún tiempo. Al cabo, le devolvió en figura de hombre y le preguntó de nuevo: “¿Adónde vas?” “A Zaragoza”, insistió el baturro. “Será si Yo quiero” “Aunque Tu no quieras, iré yo a Zaragoza”, dijo el aldeano mostrando su disgusto. De nuevo Dios lo convirtió en rana y lo dejó en el charco durante dos años. Después, para comprobar si había cambiado su conducta, Dios le devolvió la forma de hombre y le preguntó por tercera vez: “¿Adónde vas?” A lo que el maño contestó: “A Zaragoza…o al charco” En otras ocasiones se cuenta con la variante, al pozo, pero el significado es el mismo.
(Tomado de “Dichos y frases hechos” de José Calles Vales y Belén Bermejo Meléndez. Madrid. LIBSA, 2001)














