La siesta

La siesta, de Van Gogh
El término siesta procede de la expresión latina "hora sexta" que corresponde al periodo de tiempo comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento que se aprovechaba para hacer un descanso o una pausa en las labores cotidianas.
La siesta es una costumbre que consiste en descansar algunos minutos (entre veinte y treinta, aunque puede durar un par de horas) después de comer a mediodía. Esta presente en algunas partes de España y Latinoamérica, pero también en algunos países asiáticos, Oriente Medio y África del Norte.
Esta costumbre, profundamente española pero no exclusiva como hemos visto, tiene una explicación biológica. Después de la comida se produce un descenso en la llegada de sangre al Sistema Nervioso Central dado que es necesario en otras zonas del organismo, el aparato digestivo fundamentalmente, para poder realizar la digestión. Esto produce una somnolencia. Coincide este momento con las horas en las que más aprieta el calor por lo que se debe evitar la exposición al sol durante estas horas postprandiales.
El ser humano está programado para dormir la siesta sin que esto suponga ningún perjuicio en su rendimiento. Numerosas investigaciones han demostrado que este paréntesis permite aumentar la concentración, el rendimiento, la productividad y la creatividad.
La siesta debe evitarse en las horas finales de la tarde, porque puede alterar el ritmo biológico y retrasar la hora de dormir, lo cual puede conllevar efectos adversos.
Se llevará a cabo en un lugar apacible, tranquilo, oscuro, silencioso y agradable en el que las interrupciones se puedan evitar.
No debe durar más de treinta minutos. Más tiempo hace caer en un sueño profundo que obliga a una mayor adaptación temporal a la vigilia.
Finalmente detallaré los denominados enemigos de la siesta que, con sentido del humor, endulzará este relato. En primer lugar hay que mencionar las "arrugas" de la almohada. Esto evitará que las mismas queden grabadas en tu cara. Los calcetines deben evitarse, mejorará el riego sanguíneo en tus pies. El teléfono, que siempre le da por sonar justo a esa hora, es aconsejable el descolgarlo. Los mosquitos, subsanable con un buen repelente de insectos, si a uno se le ocurre "echar la siesta" a la sombra de un árbol. Evitar las malas posturas a no ser que quieras convertirte en un "cuatro" para el resto de día. Y finalmente el calor que debería evitarse sin hacer uso del aire acondicionado.
Muchos personajes célebres han cantado sus alabanzas. Ejemplos ilustres son Albert Einstein, Winston Churchill y nuestro premio Nobel, Camilo José Cela quién decía de la siesta que había que hacerla "con pijama, Padrenuestro y orinal" (sin duda una exageración).
Los beneficios de la siesta son tan abrumadores que empresas de Estados Unidos, Japón y otros países desarrollados ofrecen la posibilidad de dormir la siesta dentro del lugar de trabajo en habitáculos dispuestos al efecto.










