Tarde de futbol
Esta tarde, después de muchos años, he ido a la "Romareda" a ver jugar a nuestro Real Zaragoza. Tarde gris, desapacible, lluviosa pero alegre por haber sumado tres puntos y escapar, a falta de lo que suceda en el resto de la jornada, de los puestos próximos al descenso.
No es que me guste mucho el futbol, prefiero otros deportes, pero he aceptado la invitación que se me ha hecho porque queria ver y vivir una experiencia que atrae, cada quince días, a miles de zaragozanos. La vivencia ha merecido la pena porque a la ilusión que veia en las caras de los aficionados que se acercaban al campo se ha unido la satisfacción de ver ganar al equipo de mi ciudad.
No entiendo mucho de este deporte que mueve miles de euros en nuestro país, algo que se me antoja desorbitado, pero me explicaría que esto fuera así si conllevara un mayor número de practicantes jóvenes, y estamos hablando del deporte rey, o que estuviera, exclusivamente, en manos privadas y exento de subvenciones o ayudas oficiales. Se echa de menos la ayuda institucional al deporte no competitivo. Me cuesta trabajo comprender que nuestro Consistorio "pierda el tiempo" y malgaste el dinero público en proyectos (creo que vamos por el tercero) de un nuevo estadio que lo único que pretende es favorecer la especulación.
Es cierto que las instalaciones de la "Romareda" presentan un estado deficiente, alejadas de las modernas instalaciones de este tipo de estadios de ciudades similares a la nuestra, y que su ubicación próxima al mayor hospital de nuestra Comunidad Autónoma no es la más adecuada teniendo en cuenta el masivo movimiento de personas que el futbol atrae.
Los clubs de futbol deben estar en manos privadas y contar con instalaciones privadas financiadas con dinero privado y contando con las autorizaciones institucionales que se requieran por el bien de la comunidad.










