La muerte de Jesús
Categoría Medicina y Salud Pública

Representación de Cristo crucificado nada habitual. Se trata del Cristo de Benvenuto Cellini, discipulo de Miguel Ángel, que se conserva en El Escorial. Su desnudez integral sigue causando sorpresa en todo aquel que lo ve
La crucifixión era una pena de muerte que los romanos aplicaban a esclavos y sediciosos. Era un procedimiento de ejecución infamante y no podía aplicarse a ningún ciudadano romano. Jesús no fue lapidado porque no era considerado judío, ni tampoco decapitado pues no era romano, Jesús fue crucificado, pero no solo eso, previamente fue azotado y torturado. Torturado y vejado, sometiéndole a todo tipo de burlas (fue coronado, en clara alusión a su consideración de "rey de los judios").
La flagelación produjo lesiones en la piel con la consiguiente pérdida de sangre lo que, sin duda, le produjo una debilidad tal que mermo sus fuerzas para cargar con la cruz (patibulum) hasta el Gólgota. Una vez all sus muñecas fueron clavadas al patibulum, y, posteriormente subido al poste (estípite) en donde se clavaron sus pies.
Sus muñecas fueron clavadas a través del carpo o entre la articulación del cúbito y el radio con la finalidad de que este punto aguantara. Con casi total seguridad dicho enclavamiento produjo una lesión del nervio median lo que le debió producir un dolor indescriptible.
El anatomista José Conde Andreu defiende la idea de que Jesús sufrió el enclavamiento de sus pies con un solo clavo, probablemente a nivel de la articulación tarsotibial, donde también lesionaría algunos de los nervios que se sitúan allí, entre ellos el tibial posterior. La sujeción de Jesús a la cruz era precaria lo que le provocaba un enorme suplicio. A todo ello se unió la herida del tórax producida por una lanzada y la fractura de ambas piernas para que su cuerpo cayera y se acelerase su muerte por asfixia.
El cuerpo descansaría sobre un listón de madera situado en sus pies o bajo sus nalgas (sedecula) como nos indica Ramón Rabré en su blog
Una vez crucificado, probablemente desnudo completamente, Jesús tuvo que aguantar cerca de tres horas con una gran dificultad para respirar, los tremendos dolores, y la pérdida de sangre, lo que le agravó su segura deshidratación. El estrés, unido a todo lo anterior, sin ninguna duda le debió producir un trabajo cardíaco que ocasionó su fracaso total.
Jesús murió, ejecutado, probablemente, alrededor de las 3 de la tarde del 7 de abril del año 30 de nuestra Era (Ver artículo de Conrado Urrutia)










