Una saeta por la Atención Primaria, un post de Mónica Lalanda
Categoría Medicina y Salud Pública
Entre todos la mataron y ella sola se murió. Con esa falta de visión global, de buena organización y de lógica que nos caracteriza en este país, la Atención Primaria está dando sus últimas bocanadas.
Una buena Atención Primaria (AP) forma los pilares de un buen sistema sanitario. Es el eje, la única medicina holística que existe, la solución al 90% de las patologías y, a pesar de todo, agoniza. Las pruebas están ahí, sólo hay que tener los ojos abiertos. En estos últimos días somos espectadores de dos hechos determinantes: el primer Día de la Atención Primaria y la selección de plazas MIR por parte de los médicos que salen 'de fábrica'.
El 12 de abril se celebró el primer día de la AP: malo, malo. Cuando las cosas funcionan con naturalidad y sin tener que pegarse con nadie, no se celebran. Nunca veremos el 'Día del Orgullo Heterosexual', el 'Día del Hijo' o el 'Día de la apendicetomía'. Los 'días de...' huelen a mal rollito, a problemones, a reivindicación a tumba abierta. A sálvese quien pueda.
Los médicos de familia llevan meses mandando SOS pero nadie parece oírles. El 'manifiesto del foro de Atención Primaria' pone los pelos de punta al más calvo. Lo más triste es que lo que piden es todo de lógica, temas que uno daría por supuestos: distribuir un 25% del gasto sanitario a Atención Primaria, disminuir la burocracia, tener a su disposición las mismas pruebas diagnósticas que el resto de especialistas, estar dotados de utensilios para mejorar la promoción de salud y auto cuidados y una mejora de la tecnología de información y comunicación. Todo muy normalito.
A día de hoy, los médicos de familia están obligados a ejercer de secretarias de lujo de sus colegas hospitalarios, rellenándoles las recetas o cumplimentando sus papeles. Que los pacientes salgan de las consultas del hospital con un garabato mal escrito para que el esclavillo de turno de AP lo convierta en receta es algo vergonzoso.
Que los especialistas de Medicina Familiar tengan una media de cinco minutos por paciente parece de película de risa (buenos días-qué le pasa-a ver-adiós) y que la mayoría de los médicos de AP menores de 40 años anden con contratos precarios, de días, incluso de horas, es vergonzoso. En zonas como la Comunidad de Madrid, el ataque a la Atención Primaria es ya tan directo, tan desestructurante, tan salvaje, que se hace obvio una intención clara de privatización.
Y luego está lo de los nuevos MIR, las plazas de Medicina de Familia y Comunitaria han quedado para el final, nadie las quiere. Entre los 1.000 primeros cerebritos, sólo cinco la escogieron. Esto manda un claro mensaje a quien lo quiera entender: los médicos nuevos no quieren ser Médicos de Familia. La Atención Primaria, según está, no interesa a nadie, es despreciable y despreciada.
Hay que asomarse a las salas de espera de cualquier centro de salud. El usuario recurrente de Atención Primaria no es precisamente el que usa twitter o el que se va a Londres de fin de semana. Su capacidad de protesta no puede ser muy alta. La mayoría de los funcionarios optaron por medicina privada y eso crea una dicotomía cultural y social. El usuario medio de AP apenas tiene voz.
Y mientras, las sociedades de Atención Primaria se diluyen en número (¡¿En qué cabeza cabe que haya tres sociedades gordas distintas, SEMG, semFYC y semergen, más una lista interminable de sociedades delgaditas como Samfyc, SoMaMFyC, socalemFYC... etc?!). No deben saber aquello tan sabio de que la unión hace la fuerza. Quizás haya llegado el momento de tirar viejas rencillas y añadir fuerza a la causa común: llevar la Atención Primaria al nivel de sus profesionales y no de sus políticos.
Se nos muere la Atención Primaria, oigan. Una saeta y un RIP.










