El pozo de San Lázaro (Zaragoza)
Categoría Rincones Zaragozanos

El pozo de San Lázaro es una sima que se encuentra en el río Ebro entre las dos arcadas más septentrionales del "puente de Piedra" de Zaragoza. La creencia popular dice que no tiene fondo y que todo lo que cae dentro se lo traga. Otros dicen que llega hasta Tortosa y que su salida es al mar.
Su nombre lo toma del convento de San Lázaro, fundado en 1224 por la orden de Nuestra Señora de La Merced, que se encontraba junto al Ebro, cerca del puente de Piedra, en el Arrabal.
El pozo es el lugar que ha elegido mucha gente para acabar con su vida, existiendo también una leyenda que nos cuenta como dos enamorados, habiendose opuesto sus padres a su matrimonio, se ataron el cuello el uno al otro con un cachirulo y se tiraron juntos al pozo. Su cadáveres nunca se encontraron.
En diciembre del año 1971 un autobus cayó al Ebro en este punto. El autobus desapareció bajo las aguas con nueve personas que no se encontraron nunca. Hasta 10 años después no lo sacaron del Ebro los bomberos de Zaragoza.
¿Qué hay en el pozo de San Lázaro?, un post de Mariano García
(Publicado el 19 de junio de 2011 en Heraldo.es)
Pues no les voy a mantener con la intriga más: hay grandes bloques de piedra y troncos de árboles. Al menos es lo que ‘vieron’ los bomberos zaragozanos en 1975, cuando bajaron depositar allí una imagen de la Virgen del Pilar de 150 kilos de peso. Como hay bomberos fieles a este blog, imagino que a lo largo del día tendremos más datos sobre el pozo de San Lázaro, si se ha vuelto a bajar allí en alguna ocasión, etc, etc. De momento, ahí va lo que publicó HERALDO:
El tenebroso pozo de San Lázaro, ese lugar misterioso del río Ebro a su paso por el puente de Piedra, ha dejado de serlo un tanto. El pasado domingo, unos hombres zaragozanos descendieron a sus profundidades y colocaron en el fondo una imagen de Nuestra Señora del Pilar. Desde ahora la imagen de la santa patrona estará presente en uno de los lugares más legendarios y siniestros de nuestra historia ciudadana.
Tres hombres de CADAS (Club Aragonés de Actividades Subacuáticas) fueron los que se sumergieron en las entrañas del pozo. Hablamos con uno de ellos, José Miguel Buera. El fue quien realizó la operación final. En la conversación también está presente Manuel de la Figuera, presidente del CADAS, y asimismo conocedor del pozo, pues anteriormente realizó una inmersión previa.
-¿Cómo nació esta iniciativa?
-De la manera más sencilla. Se nos ocurrió a Benito Podero, a Alberto Marquet y a mí, es decir, los que el domingo nos sumergimos. Lo expusimos en la federación y el 28 de agosto constaba en acta en el orden del día. Hacía tiempo que queríamos poner una imagen de la Virgen en el sitio al que vamos más a menudo, en Ametlla de Mar, y esos lugares del Mediterráneo. También hacía tiempo que nos rondaba la idea de descender al pozo de San Lázaro. Por asociación de ideas el resultado fue simple.
-¿Qué se han propuesto con ello?
-Demostrar que el pozo de San Lázaro no es un lugar tan macabro como se cree y desterrar un poco su leyenda.
-¿Fueron necesarios muchos preparativos previos?
-Sí, anteriormente tuvimos que hacer una inmersión previa para ver si era realizable la idea. Las operaciones fueron muy lentas y bajamos prácticamente de noche.
-Una vez puestos en la obra, ¿cuáles fueron las mayores dificultades?
-En primer lugar los accesos. Estos suponen un gran inconveniente ya que es difícil subir contra corriente embarcaciones de motor y maniobrar con ellas y con el material necesario. El problema se solucionó gracias a la magnífica colaboración del Centro Aragonés de Espeleología, cuyos miembros hubieron de descender «a rappel» por una de las pilastras del puente de Piedra llevando consigo la imagen de la Virgen, es decir 150 kilos de plomo, en un volumen muy reducido y difícil de manejar. Asimismo es de agradecer el apoyo de la Cruz Roja de la Juventud, que en todo momento estuvo a nuestro lado.
-¿Y una vez en el agua?
-Una vez abajo el principal problema fue la falta de visibilidad que hay en el lugar. Trabajamos en completa oscuridad. A partir de metro y medio no se aprecia ni la claridad del día. Y no vale la pena ni llevar lámpara porque no se ve ni a diez centímetros.
-¿Tan grande es la suciedad que hay en el pozo?
-Impresionante. El Ebro, a su paso por Zaragoza, y especialmente en este lugar, es un foco supercontaminado, maloliente y pestilente. Después de la inmersión previa yo padecí una infección en el oído.
-Ríos subterráneos, brazos que llegan hasta el mar, el famoso autobús… ¿qué hay exactamente en el pozo de San Lázaro?
-Precisamente por la enorme oscuridad antes comentada no se puede saber todavía qué hay con precisión. Nosotros tratamos de evitar el autobús y no lo encontramos. Luego, en el fondo, hallamos enormes bloques de piedra, árboles y en el suelo canto rodado. Pero insisto en que no se puede saber exactamente qué hay. Sería necesaria una exploración total de la zona.
-¿A qué profundidad tocaron fondo?
-En la inmersión previa a quince metros. El domingo nos debimos desviar un poco y encontramos dieciocho.
-¿Hallaron torbellinos, corrientes subterráneas?
-En superficie hay corriente fuerte. Abajo hay algún remolino pero sin demasiada fuerza.
-¿Fue trabajoso bajar la imagen hasta tanta profundidad?
-Lo difícil es acompañarla, ya que se calcularon unos globos de elevación de 175 kilos, pero todavía fueron insuficientes.
-¿Dónde se colocó la Virgen?
-En principio pensamos sujetarla con clavijas o cables de acero a alguna roca, pero luego hallamos un lugar idóneo que hacía innecesaria esta operación. Se trata de una auténtica chimenea formada por dos enormes bloques de piedra rectangulares de unos cinco metros de altura. Los bloques forman un estrecho pasillo de un metro escaso de anchura. Ahí está la Virgen.










