"Se van los cartujos", un artículo de Pedro Cía Gómez
Categoría Historia de Aragón

Los cartujos, ligados a Zaragoza desde 1564, van a marcharse de Aula Dei. Lo harán discretamente, pero su partida empobrece la vida de nuestra ciudad. Por Pedro Cía Gómez, Catedrático de la Universidad de Zaragoza La opinión, jueves, 4 de agosto de 2011 Heraldo.es
Se van los cartujos
Se van de Zaragoza los cartujos (Heraldo, 9 de julio) y lo hacen discretamente , en silencio, conforme a su peculiar estilo de vida. Salvo las interrupciones provocadas por los Sitios y la desarmotización, los cartujos han vivido entre nosotros desde 1564, año en que don Hernando de Aragón, arzobispo de Zaragoza y nieto de los Reyes Católicos, fundara en las proximidades de Peñaflor la Cartuja de Aula Dei.
Su iglesia conserva unas excelentes pinturas murales que Goya realizó, posiblemente, en relción con el programa pictórico del prior Féliz Salcedo. Nuestro genial pintor, aún joven cuando ejecutó la citada obra, era ya conocido en los medios artísticos; vuelto de su estancia en Italia, ya había pintado en el Pilar la bóveda del Coreto. Estaba, además bien relacionado con la orden cartujana, pues su cuñado Manuel, también pintor y uno de los hermanos de la saga de los Bayeu, era cartujo. Puede ser significativo de su buena relacióncon estos monjes el hecho de que cuando, más adelante, Goya fue encargado de pintar, de nuevo en el Pilar, la cúpula "Regina Martyrum", nuestro pintor pensó en dejarla inacabada por sus discrepancias con el Cabildo y due el propio padre Salcedo quién lo convenció para continuarla. Gracias a esta intercesión podemos hoy admirar la preciada cúpula.
Pienso por eso que Goya conocía bien a los cartujos y su forma de vida y que cuando pintó en Aula Dei sabía que so obra no iba, en esa ocasión, destinada a al gran público, sino que tenía otra finalidad: servir para el cultivo de la vida espiritual de los cartujos. Un tipo de vida que busca el diálogo con Dios y el propio ofrecimiento por el bien de todos los hombres y mujeres a través de la oración, del estudios y del trabajo. Claro está que el ambiente de paz y silencio es la atmósfera necesaria para este especial modo de vivir.
No por ser discreta la despedida de los cartujos deja de tener su importancia pra Zaragoza. Para una sociedad como la nuestra -con las características de las modernas sociedades occidentales, prósperas en ciertos sentidos, pero inundadas de ruidos, espoleadas por prisas y competitividad, atestadas de recursos materiales (a veces innecesarios y con frecuencia injustamente distribuidos), generadoras de ansiedad y depresión -el testimonio de los hombres de la Cartuja ofrece una continua y permanente llamada a la consideración de lo que de verdad es más importante también para el hombre y la mujer de hoy.
Por eso pienso que su marcha es noticia de importancia para Zaragoza y no solamente por el hecho de haber sido vecinos nuestros durante siglos. Estoy seguro de que don Francisco de Goya, amigo de los cartujos, sentiría esta despedida. De todas formas, sus pinturas de Aula Dei, seguirán desde el silencio de la Cartuja hablándonos de ese foco de espiritualidad que prendió en Zaragoza durante siglos y que es valioso también para la sociedad de hoy.










