Manuel Jalón Corominas
Categoría Aragoneses Ilustres

Manuel Jalón Corominas (Logroño, 1925-Zaragoza, 2011) puede pasar a la historia como muchas cosas, pero sin duda una de las que más orgulloso se sentiría es por haber sido un empresario humanista. Una humanidad caracterizada, entre otras cosas, por una coquetería que le impedía rebelar su edad casi desde sus años mozos.
Zaragozano de adopción pese a su origen riojano, con dos guerras a sus espaldas –la civil española y la “segunda” mundial– que le marcaron notablemente, se embarcó en el Ejército del Aire, lo que no sólo le permitió titularse como ingeniero aeronáutico, sino ser uno de los primeros técnicos españoles que a principios de los cincuenta se desplazó a Estados Unidos para traerse desde allí los primeros “aviones a reacción” que utilizaría el ejército español.
Manuel Jalón falleció hace unos días, concretamente el día 16 de los corrientes. Hoy Heraldo de Aragón publicaba una necrológica firmada por Juan Dominguez Lasierra que reproduzco a continuación:
In Memóriam
"Acabo de enetrarme de la muerte de Manuel Jalón y siento una enorme tristeza. Tristeza y un poco de rabia, algo más que un poco, es verdad, poque personas como él no deberían morirse.
Yo no conocí al ingeniero, al inventor, al industrial, al emprendedor universal. Yo conocí a un maestro de la vida, a un pensador, a un filósofo, a un sabio, a un amigo. Y su muerte, cuya noticia me llega de modo tan brusco, me enfada ¡Era tan gran persona!
Me siento orgulloso de haber contribuido a que uno de sus sueños se hiciese realidad, la publicación de su libro "Manual de la otra vida", gracias al concurso de mi editor, José Luis Delgado Sancho, porque en aquel libro don Manuel había plasmado sus reflexiones más queridas, las que más importancias tuvieron para él en los últimos años, porque él había ya dejado de poner su empeño en esta vida -a la que se entregó como un pionero, con un entusiasmo capaz de arrastrar mil dificultades y de resolverlas- y, llevado de su capacidad sin límites, buscaba también acomodar su eternidad, darle forma, imaginaria y "manualizarla", ¡Genio y figura!
Era un hombre sin par, único, excepcional, y, junto a todo esto eso, de una sencillez espartana, de una austeridad monacal.
Autor de "Leyenda negra de Trasmoz". De su mano conocí el castillo de Trasmoz, del que era dueño, aunque en realidad no mostrase el menor sentido de su propiedad. Lo había adquirido para cuidarlo, para protegerlo, para que no se perdiese, y había que que ver con qué entusiasmo mostraba el pequeño museo que había organizado en la torres castellana de aquella fortaleza.
Y escribió un libro, "Leyenda negra de Trasmoz, el pueblo mítico del Moncayo", donde recogió todos los antecedentes del lugar, con un pormenor de apasionado historiador de aquel recinto famoso por sus oscuros episodios. No fue el de Trasmoz, el único castillo que compró, llevado de su pasión por la historia.
Hubo otro, que regaló después, para demostrar que ser propietario no era lo que le interesa. Es un "deva", me dijo una amiga que sabe de estas cosas "de la otra vida", después de oirlo filosofar en mi casa una tarde.
Desde luego, su sabiduria parecía provenir de muy atrás, de otras vidas, como si fuese el legatario de una saga de viejos sabios.
Ingeniero aeronáutico, militar, piloto, industrial, inventor, escritor... Manuel Jalón Corominas fue mucho más que el inventor de la fregona y de las jeringuillas desechables -sus grandes servicios a la humanidad- fue también una excelente persona, cuya presencia en el mundo seguía siendo necesaria.
Por eso su muerte me produce una gran tristeza y un poco, o un mucho, de rabia, de enfado.
Espero que haya acertado en sus premoniciones sobre la otra vida, y sea feliz, allá donde esté.











