Camino jacobeo del Ebro (Aragón)
Categoría El Camino de Santiago en Aragón

El camino Jacobeo del Ebro recogía, desde el siglo XII, en los puertos de Tortosa a los peregrinos que, procedentes de los paises ribereños del Mediterráneo, se dirigían a Santiago de Compostela, para llevarlos a través de la propia Tortosa, Gandesa, Caspe, Zaragoza, Tudela y Calahorra a Logroño, donde enlazaban con el Camino Francés.
Dejado de transitar hace ya muchos años, se recuperó en 1997, gracias al esfuerzo de los Ayuntamientos y Asociaciones jacobeas (de Zaragoza, Alcañiz y Tortosa) y de los municipios en él radicados, una gozosa realidad.
En esta primera aproximación a este camino jacobeo nos centraremos en las localidades de Caspe y Zaragoza, las dos principales ciudades de Aragón atravesado por este Camino de caminos.
En el Bajo-Aragón el Camino Jacobeo del Ebro sigue el viejo Camino Real que desde Gandesa y por Batea y Fabara llevaba a Caspe y continúa por Chiprana, Escatrón y Monasterio de Rueda, Alborge, Alforque, Cinco Olivas, Velilla y Gelsa, adentrándose en tierras zaragozanas.
La tradición jacobea de Caspe, a pesar de haberse perdido alguna de sus manifestaciones, sigue siendo muy fuerte y se halla vinculada sobre todo a la figura de San Indalecio, que la tradición lo hace hijo de Caspe y afirma que después de recibir, en Zaragoza, en compañia de Santiago el Pilar de manos de la Virgen, acompañó al Apóstol a su regreso a Palestina y, al pasar por Caspe, fundó la segunda iglesia de la Cristiandad dedicada a María.
En la Colegiata de Santa María la Mayor del Pilar, de Caspe, había una capilla dedicada a Santiago y también lo estaba el oratorio del hermoso complejo sanjuanista de sus inmediaciones en el que se celebró el conocido Compromiso.

Santiago y los Siete Convertidos
Situada a mitad de camino entre Tortosa y Logroño, la ciudad de Zaragoza gozó en este peregrinaje un lugar
relevante, acogiendo durante siglos al peregrino en su Colegiata Santuario de Nuestra Señora del Pilar (en la
Alta y Baja Edad Media conocida como iglesia de Santa María) entrañable lugar a orillas del Ebro. Según antiquísima tradición en este espacio ribereño la Virgen se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago y a los Siete Convertidos, los Santos Varones Torcuato de Calatayud, Indalecio de Caspe, Cecilio y Segundo de
Zaragoza, Eufrasio de Sariñena, Iscio o Isicio de Torrijos y Tesifón de Tauste, hoy presentes en magníficas esculturas marmóreas de Carrara en el Muro de los Altares, todas próximas a la imagen de Nuestra Señora Pilar y su pilar de jaspe. A mediados del siglo XVIII el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez tuvo la genialidad de proyectar en mármoles y bronces la representación de la Venida de la Virgen que materializó el escultor aragonés José Ramírez de Arellano, refrendando artísticamente la tradición milenaria. Hoy día la Santa Capilla sigue siendo espacio multitudinario de acogida devocional.













Teresa Santomil dijo
Jolines, me vi haciendo el Camino y llegue, como no podia ser de otra manera..
Gracias.......... un abrazo
14 Agosto 2012 | 10:21 AM